El Rulfo de los extranjeros

POR Alfredo C. Villeda
En su participación en la Feria Internacional del Libro 2011, en Guadalajara, Herta Müller evocó sus lecturas de Rulfo y de Gabriel García Márquez como vínculos con el quehacer literario de Latinoamérica, y resaltó las metáforas y el destino fatal de los personajes entre ambos universos
La escritora rumana Herta Müller (somosnoticiascolorado.com)
Todo gran autor que visita México viene con sus libros favoritos bajo el brazo. No en términos literales, necesariamente. Traen los nombres de sus creadores predilectos. Resulta difícil, sin embargo, que un mismo paseante cite juntos a Octavio Paz y Carlos Fuentes. Uno u otro. Como si cada que pisan territorio nacional, se reavivara el duelo del Coloquio de Invierno contra La Experiencia de la Libertad, aquellos célebres encuentros literarios de principios de los años 90.

Quizás alguien recuerde también a Alfonso Reyes, el candidato de Jorge Luis Borges para el Premio Nobel; otros a Fernando del Paso y a José Emilio Pacheco. Pero la constante que nunca falla, el autor que todo escritor extranjero de paso cita y admira, se llama Juan Rulfo. A diferencia del jalisciense, que hurgaba entre tumbas para bautizar a sus personajes fantasmales, los autores hallan fácil su nombre, pese a la brevedad de la bibliografía disponible. Hay más libros sobre la obra de Rulfo que la propia obra de Rulfo.
Herta Müller, la rumana ganadora del Premio Nobel de Literatura 2009, no es la excepción. Ayer, durante su participación en la Feria Internacional del Libro 2011, en Guadalajara, evocó sus lecturas de Rulfo y de Gabriel García Márquez como vínculos con el quehacer literario de Latinoamérica, y resaltó las metáforas y el destino fatal de los personajes entre ambos universos.
Por Kundera sabemos que hay escritores impedidos de encontrar lo que llaman una “generación”. Quizá porque un compatriota suyo, Franz Kafka, era especie única. El propio Milan confiesa, en El arte de la novela o en Los testamentos traicionados (perdón por la inexactitud, pero Fusilerías cumple hoy diez años y empieza a perder la memoria), cómo fue que después de leer Terra Nostra, de un novelista al que no conocía, de un país que no ubicaba, se sintió parte de una generación. Después de devorar, en sus palabras, “la más grande novela-sueño jamás escrita en la historia de la literatura de todos los tiempos”, autoría, por supuesto, de Carlos Fuentes.
Hay que recordar, sin embargo, que Kundera es uno de los pocos autores extranjeros que dispensaban pública admiración y amistad con Fuentes y Paz a un tiempo. Caso excepcional.
(demasiadoqueleer.wordpress.com)
Con Rulfo quizá asistamos a un caso como el de Kafka. El lector encuentra también la elección detallada de nombres de personajes en Jorge Ibargüengoitia, pero el genio del guanajuatense estaba más en el humor que en la recreación de escenarios campiranos y espectrales. La explosión del español culto en su máxima expresión puede degustarse en cada línea de otro jalisciense, Juan José Arreola, pero quizá sea su lugar de origen lo que más le acerca al autor de El llano en llamas, si bien fueron amigos, más que el contenido o la estructura de sus cuentos. Rulfo es, pues, ejemplar único de especie única.
Mario Vargas Llosa también participará en la FIL. El año pasado se frustró la visita por la obtención del Premio Nobel, que pospuso asimismo su paso por Monterrey para recoger el Premio Alfonso Reyes. Pero ahora paga su pendiente. De todos es sabida su amistad con Paz, ante quien declaró, en el antes citado Coloquio de Invierno, aquella clásica de que el PRI era la dictadura perfecta. Pero si con alguien siente una gran cercanía y deuda el peruano es con Pacheco, de quien ha contado cómo lo guió en sus primeros pasos por los laberintos culturales y propiamente literarios de México, cuando él era un mortal periodista.
Ignoro si en el sistema escolarizado público Rulfo es todavía lectura obligatoria. Lo era a finales de los años 70 y principios de los 80. Pero entre los escritores extranjeros es una escala obligada. Y todos, como ahora nos recuerda Müller y antes Kenzaburo Oé y hacia atrás muchos más, lo adoptan entre sus mexicanos favoritos.