Michoacán, salvaje y triste como el amor

POR Gabriel Ríos
En síntesis, este magnífico documento, El estado de Michoacán, es una edición que cuenta con la investigación y textos de Ramón Sánchez Reyna, fotografías de Vicente Guijosa y Juan J. Morán. La autoría de los planos y mapas corresponde a Jorge Aguilar
Pátzcuaro (tripadvisor.com)
Gaston Bachelard dice que la imagen que abarca toda la materia reencuentra la antigua ensoñación de lo negro de los alquimistas, que buscaban el negro más negro que lo negro, el nigrum nigrius nigro, salvaje y triste, como el verdadero amor, una palpitación entre dos en las tinieblas.
Fue entonces cuando recordé el viejo poema de Tomás Segovia, que en uno de sus versos dice: desnuda de sombras esta dulce tierra herida que he amado.
Me llegó de memoria, después de haber leído en el libro El estado de Michoacán, cuando la sede catedralicia fue Tzintzunzan, Vasco de Quiroga decidió trasladarla a Pátzcuaro, antiguo barrio indígena, donde prevalece lo oscuro.

En el texto se afirma que el nombre de Michoacán fue traducido por los mexicas como “Lugar de pescadores” o “Donde abundan los peces”. Una imagen dispuesta a cumplir un tercer oficio. Bastaría con nutrirla con aceite y gluten, para que sus hilos adquieran una consistencia suficiente de mofetas llenas de sabiduría.
Se dice que no obstante la reciedumbre de Vasco de Quiroga de mantener la capital del estado en Pátzcuaro, ya muerto el obispo, alcanzó el nombre de Valladolid, mismo que conservó hasta el 12 de septiembre de 1828, cuando el Congreso del naciente estado adoptó el apellido de uno de sus ilustres hijos insurgentes, José María Morelos y Pavón, llamándola Morelia, ciudad cuyo legado arquitectónico del Centro Histórico le valió ser considerada Patrimonio Cultural Mundial por la Unesco.
La traza le fue encomendada a Antonio de Godoy, y concluida por el alarife Juan Ponce: una acentuada armonía renacentista, aunque su alzado corresponde a un singular barroco, principalmente por la presencia de la Catedral que se inició a edificar en 1577, pero no fue sino hasta 1705 cuando intervinieron Lucas Durán y José de Medina, siguiendo el proyecto de 1660 de Vicenzo Baroccio de la Escayola.
(cambiodemichoacan.com.mx)
El punto de arranque que ofrece el libro El estado de Michoacán es la ciudad de Morelia. Se considera oportuno visitar el Palacio de Gobierno, edificio que ocupó el antiguo Seminario Tridentino de San Pedro, diseñado por Thomas de Huerta. Por esa avenida señorial, Madero, alineada al Palacio de Gobierno, se pueden admirar otras edificaciones, como la Casa de la Conspiración, la antigua Casa del Diezmo, la del Congreso del Estado, el ex hospital de Juaninos. En otra dirección, pero en el mismo Centro Histórico, se llega a la Plaza Valladolid, obra de Manuel González Galván. Desde ese espacio es un relumbrón el Templo de San Francisco, que va en una segunda etapa constructiva, según Xavier Tavera Alfaro. La iglesia luce una de las portadas platerescas de mayor relevancia en el Michoacán novohispano: sobresalen flores y veneras, símbolos de bautismo y evangelización.
Por el mismo rumbo se erige el Palacio Federal, que fuera en otro tiempo el segundo convento que tuvieron las dominicas de Valladolid. A pasos largos, unas cuadras, Madero Poniente y avenida Acueducto, se encuentra el Jardín Villalongín y la Fuente Tarasca. El jardín recibió su nombre actual en homenaje al insurgente Manuel Vilalongín. El acueducto y el Jardín Villalongín son testigos de la Fuente Tarasca, adornada con una escultura que fue originalmente de varillas y cemento. Más adelante, el escultor José Luis Padilla Retana la trabajó en bronce.
En ese punto, donde inicia el acueducto, se levantó la ciudad. A través de cañerías hechas de madera, barro, tramos de piedra, surtió el agua durante dos centurias. Esa maravilla de ingeniería hidráulica cumplió su función hasta 1910.
Centro Cultural Clavijero (skyscrapercity.com)
Al lado del acueducto resplandece el Museo de Arte Contemporáneo Alfredo Zalce, el enorme pintor michoacano. Aparece en los terrenos del Bosque Cuauhtémoc, mansión de aspecto europeizante. A la vuelta del Museo de Arte Contemporáneo se ubica el de Historia Natural, la Plaza Morelos, la Facultad de Derecho y la calzada Fray Antonio de San Miguel.
En sentido contrario, más céntrico, se aloja la Biblioteca Pública Universitaria, en lo que fue el templo anexo al Colegio de San Francisco Xavier –el Palacio de Clavijero, hoy Centro Cultural Clavijero—, fundado en 1580 por la compañía de Jesús. El 6 de enero de 1930, cerrado el templo por la salida de los jesuitas, se instaló la biblioteca que resguarda cerca de 23 mil volúmenes, editados entre 1493 y 1900.
Bajando hacia el Jardín de las Rosas, desde luego sobresale el Templo y el Conservatorio de las Rosas, considerado como el primero en América. En uno de los costados del jardín se asoma el Museo del Estado, casona del siglo XVIII, reconstruida en 1896. Hacia el oriente, cerca de la Plaza del Carmen, se vislumbra el Museo de Arte Colonial, fundado en 1984, a partir de una colección de cristos fabricados con diferentes materiales y técnicas, de pasta, caña de maíz y marfil.
En el capítulo intitulado “La herencia civil” se nombran el Centro Cultural Universitario, frente a la preparatoria Melchor Ocampo; a dos calles, el Templo de la Merced; regresando la marcha, sobre la avenida Madero, el Palacio Municipal, y revirando, el Museo Regional Michoacano, el Palacio de Justicia, recién remodelado, el templo y el ex convento de San Agustín.
Vista lateral del Templo de Guadalupe, por Ernesto Polo (mexicodesconocido.com.mx)
Libro que nos muestra la Morelia contemporánea, como es el caso de Ciudad Universitaria, el Parque Zoológico Benito Juárez, el Orquideario y el Planetario Felipe Rivera. Fuera de la capital michoacana, por la carretera Morelia-Salamanca, se llega al lago de Cuitzeo, lo que fue la mayor cuenca lacustre. Durante el virreinato, los ribereños transportaban en canoas a los viajeros y comerciantes con sus pertenencias, lo que constituía una importante actividad económica. Cuitzeo es “La Laguna” en lengua tarasca. Tiene uno de los mejores conjuntos conventuales de Michoacán, consagrado a Santa María Magdalena. Comenzó a construirse en 1550, bajo la dirección de los frailes agustinos Francisco de Villafuerte y Miguel de Alvarado. Un rectángulo de piedra con forma de pergamino se ve en la fachada con la inscripción Fr. Lo. Metl Me Fecit, que quiere decir: “Fray Jerónimo maguey me hizo”. Las abreviaturas revelan a un alarife de apellido nahua que tomó el hábito.
Otras poblaciones aledañas: Tarímbaro, Chucándaro, Copándaro y en el camino hacia Zamora, nos topamos con Capula, Quiroga, santa Fe de la Laguna, Naranja, Zacapu y Ocumicho. En Zamora se encuentra la sede de El Colegio de Michoacán. La ciudad es de una arquitectura, mezcla de formas del barroco local, neoclásico, neogótico y neorromántico. Algunos ejemplos son los templos e iglesias, del Sagrado Corazón de Jesús, san Francisco y Juan Diego.
“Pátzcuaro Mágico” es el “lugar de la negrura” o “nombre del paraíso”, lo que nos recuerda el negro más negro que lo negro. A diferencia de Morelia, Pátzcuaro es una población dueña de una personalidad extraordinaria: su arquitectura es de adobe, madera y teja, y su enorme plaza está dedicada a Vasco de Quiroga.
Se menciona en El estado de Michoacán, las islas que rodean a Pátzcuaro: Jarácuaro, Yunuen y Janitzio, así como poblados: Erongarícuaro, Santa Clara del Cobre, Zirahuén –el más bello lago de Michoacán— y Tingambato.
Plaza Mártires de Uruapan (uruapanvirtual.com)
De Uruapan, que significa “Donde está el príncipe de las flores”, le fue entregado en encomienda a Francisco de Villegas en 1524. Vive de sus manifestaciones culturales en la celebración de las fiestas patronales de sus barrios, donde se puede ver ejecución de danzas, siendo representativa, la de los Negritos.
Para alcanzar el área central de la Sierra de Uruapan hay que pasar por Capacuaro, donde sus artesanos fabrican textiles de lana. El origen de Pomacuarán –donde hacen vasijas— se remonta a tiempos precolombinos: su capilla consagrada al arcángel Miguel, estuvo construida con piedra y lodo. Luego se nos invita a visitar Paracho, afamado por la elaboración de instrumentos musicales. Acto seguido, Charapan y Nurio, donde se asegura que en este poblado se diseñó un sombrero para el obispo Vasco de Quiroga que se conserva en la catedral de Morelia.
También se menciona en el libro los santuarios de la mariposa monarca, no sin antes pasar por Charo, Zinapécuaro, Ucareo, Maravatío, Tlalpujahua, Los Azufres, Ciudad Hidalgo, Tuxpan y finalmente a donde llegan las mariposas, procedentes de los bosques del sur de Canadá y el norte de Estados Unidos.
La que es considerada La Costa Virgen frente al Océano Pacífico, el primer contacto frente al mar es el Puerto Lázaro Cárdenas, originado en una aldea de pescadores, municipio que a la mitad del siglo XX se le llamó Melchor Ocampo.
El estado de Michoacán ocupa un territorio de 60 kilómetros cuadrados y cuenta con variados climas, fauna abundante y una geografía accidentada que alcanza su mayor altura en el cerro de Tancítaro, no lejos de Uruapan, con casi 4 mil metros sobre el nivel del mar.
En síntesis, este magnífico documento es una edición que cuenta con la investigación y textos de Ramón Sánchez Reyna, fotografías de Vicente Guijosa y Juan J. Morán. La autoría de los planos y mapas corresponde a Jorge Aguilar.