Alice: a la chingada las maravillas

POR Óscar Garduño Nájera
La violencia contra las mujeres se ha vuelto un hecho cotidiano. Nos hemos acostumbrado a que sean ellas las que mueren. También a los comentarios que justifican tales crímenes

Subes unos cuantos peldaños, das vuelta a la izquierda y esto es lo primero que se te aparece: fotografías de mujeres, algunas sin vida. Violentadas. Cuelgan de un improvisado tendedero. Aquí en la galería La Miscelánea, Tabasco 97b, Roma Norte, se presenta Alice in Cha. Veamos. Sin querer, llegas a una imaginaria azotea desde la cual nos aventuramos a descubrir un lugar que bien podría ubicarse al norte del país. Eso si es que el infierno tiene alguna ubicación. Como en las mejores instalaciones escénicas, algo sucede entonces contigo. Te sacude. Es parte del efecto de las mejores expresiones artísticas. Hay que decirlo. Cada una de las imágenes te abruma. Es casi imposible no acercarte. Está claro que no se trata de un imán: el horror en pocas ocasiones lo porta. Das por hecho lo que hace falta. Una bestial violencia. Así, dicho al margen. Comentario que igual puede irse a un pie de página. La violencia contra las mujeres se ha vuelto un hecho cotidiano. Nos hemos acostumbrado a que sean ellas las que mueren. También a los comentarios que justifican tales crímenes. En Alice in Cha se respira 2666de Roberto Bolaño en cuanto a que la novela se trata de una de las primeras obras literarias que denuncia los feminicidios. También Alice in Cha lo hace.

Una vez que recorres las más de 20 fotografías llegas a una conclusión: frente a tales hechos se le acaban las maravillas a Alice. Por conejo relojero tenemos a Hunter. ¿Quién demonios es él? No es un hombre. Es una maquinaria perversa que empaca tormentos y tortura con los engranajes de su único mundo posible: el virtual. Porque lo que se desarrolla en Alice in Cha está entre las fronteras de lo posible y lo imposible, de lo dicho y lo no dicho: códigos de una cultura que frente a los avances tecnológicos retrocede en lugar de avanzar.
Eso en la primera habitación. Si pasas a la segunda es peor. De eso puedes estar seguro.
Una silla y una invitación a compartir un cachito de infierno (entonces sí tiene ubicación). Una pecera con un dildodentro. Reflejos del agua turbia en una precisa erección. Una jeringa. ¿Para qué tantas cosas? ¿Qué se proponen con ello? Esto es parte de la exposición. Llegas, te das una vuelta por las dos habitaciones y sales contrariado, con muchas preguntas. Pasan tres días y se realiza la activación. Dos personas que se enfrentan. Una conversación. Aquí una de nuestras primeras pistas para acercarnos al trabajo de instalación y activación escénica de Andrea Soler en Alice in Cha. Nos dice: “Busqué una conversación entre dos personas que yo no conociera, como si de personajes teatrales se tratara, pues algo que me interesaba mucho investigar era qué tanto podemos conocer del otro a través de unas cuantas líneas escritas, si realmente podemos sentir y comunicarnos con el otro a través de Internet, si un actor podía utilizar ese material para crear un personaje. Mi premisa fue que las conversaciones debían montarse en tiempo real, pues ese era un elemento más que el texto contenía y que no podía dejarse de lado”.
(mel.machighway.com)
Material exclusivo. Eso fue lo que llegó a las manos de Andrea cuando tuvo la conversación entre Hunter y Alice in Cha(magistralmente interpretados por los actores Roberto Espinosa y Anna Okodlodkova) dada en el messenger. Hasta descubrir otra más de las claves de la activación: “Poco a poco fuimos conociendo más a estas personas, sus deseos, sus miedos, quiénes eran, hasta descubrir que detrás de esas conversaciones existe una red de prostitución y trata de personas”.
Trafficking. También así se le conoce a la trata de personas. Y de acuerdo con datos de la Organización de las Naciones Unidas, 80 por ciento de las víctimas son mujeres. Andrea puntualiza: “Creo que tiene que ver con la percepción generalizada de que la mujer es algo que se puede poseer, un objeto con el cual se puede comerciar. Un ser inferior. Esto la deshumaniza. A veces no somos conscientes del alcance que puede tener la discriminación. El abuso de la imagen femenina en la publicidad, por ejemplo”.
Por eso la propuesta de Alice in Cha. Innovadora en cuanto a los recursos que emplea. Difícil de digerir en cuanto a que te obliga a armar escalofriantes rompecabezas mientras dos historias corren de manera paralela. Sin duda, estamos ante lo mejor de las expresiones escénicas que se dan hoy en día.
Contacto:http://www.aztikeriateatro.com/