De poetas te llenas

POR Teófilo Huerta
Don Jaime Labastida sale de su oficina para despedir a sus visitas, me saluda y me invita a pasar para entregarme los documentos firmados y proceder a la dedicatoria. Lo veo fuerte, rozagante su tez blanca, así como su brillante cabellera cana que le distingue
Jaime Labastida (lavozdelnorte.com.mx)
Por azar, derivado de compromisos laborales, he tenido la oportunidad de estrechar las manos de dos poetas y un filósofo y atestiguar su compromiso con el trabajo y con la vida de todos ellos.
Me enfilo hacia las oficinas de la ya vieja editorial Siglo XXI –digo lo de vieja porque en el siglo anterior su nombre sonaba completamente futurista— y dejo en la oficina de su director unos documentos para su firma y aprovecho para solicitar una dedicatoria en uno de sus libros que forman parte de mi biblioteca.

No sé qué escribiré, nunca he sabido.
Escribo por encargo y he ignorado
quién ordena lo escrito, quién leerá estas palabras.
Una mano me dicta, ciega,
cuanto he de borrar.
Don Jaime Labastida sale de su oficina para despedir a sus visitas, me saluda y me invita a pasar para entregarme los documentos firmados y proceder a la dedicatoria. De estatura media, lo veo fuerte, rozagante su tez blanca, así como su brillante cabellera cana que le distingue e inspira sumo respeto; está en plenitud consigo y con la vida. Su experiencia lo ha posicionado en el lugar en que se encuentra y desde el que mueve los tejidos de una de las editoriales más importantes del país y el mundo.
El poeta Labastida estampa su firma en su (mi) libro y me comparte la referencia histórica de la correspondencia entre un filósofo y otro Teófilo. Me despide gentilmente al pie de la escalera.
Resistir, saber cómo,
de qué manera, en el sangrante
borde del peligro, resistir.
Rubén Bonifaz Nuño (chobojos.zoomblog.com)
Otro día acudo a la Dirección General de Bibliotecas de la UNAM en las oficinas de la Biblioteca Central. Aprovecho el viaje y subo a la oficina de Rubén Bonifaz Nuño. Me recibe mi amiga facebookeraGuardia Montoya, quien me presenta a don Rubén. Impactado lo veo sentado en un sillón de su oficina. Delicado de salud, no abandona su trabajo de traductor. Me inspira una gran ternura y sincero afecto; me parece que visito a un querido abuelo que gentil me estrecha sólidamente la mano. Sé que no puede verme pero conoce mi voz (que debo emitir con fuerza), mi presencia. Le expreso mi gusto por su poesía que me agradece. Le entrego un libro personal con mis poemas de adolescente y él me confirma “así comenzamos todos”. Recojo también en uno de sus libros que poseo de años atrás, una sencilla dedicatoria y me llevo un libro más: Cuentos de los abuelos.
Siempre ha sido mérito del poeta
comprender las cosas; sacar las cosas,
como por milagro, de la impura
corriente en que pasan confundidas,
y hacerlas insignes, irrebatibles
frente a la ceguera de los que miran.
No quiero abusar ni de su salud ni de su tiempo pero qué ganas de acompañarlo por horas. Me quedo con el deseo de recitarle un poema propio para conocer su opinión, pero después Paloma me hace favor de leérselo y recibo por su conducto un grato comentario. Leo nuevamente a don Rubén y quisiera abrazarlo y recoger de él experiencias, sentimientos, palabras.
No me digas que nada permanece;
nada, sino penumbras y despojos
y un silencio nostálgico y desnudo.
Varios días después entro por Chimalistac en uno de los terrenos del mexicano más rico y que lo ha sido del mundo. En el pulcro jardín del centro de estudios históricos privado destellan dos banderas: la de México y la de la telefonía. Llego hasta la biblioteca de Ernesto de la Peña que él mismo dirige; entro a su oficina y descubro a don Ernesto en plena actividad laboral frente a su computadora en la que revisa la imagen de un texto. Apenas intercambio saludos con este hombre de letras, filósofo y sabio mexicano.
Muy breves encuentros. Grandes huellas para el recuerdo y una lección inolvidable: el trabajo hace a los grandes hombres, por eso ellos pese a sus edades no renuncian a él.

1 thought on “De poetas te llenas

  1. Teófilo gracias por tu reseña. Mañana se la leo a don Rubén. Un abrazo.

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