Dioniso, Zaratustra y el Anticristo: los tres acompañantes de Nietzsche

POR Redacción El Tiempo

Si bien Nietzsche militó las filas ideológicas de Schopenhauer y Richard Wagner, en su época de madurez intelectual –que alcanzó con los discursos de Zaratustra– arremetió aun contra ellos en su evasión (que se tornó obsesiva y megalómana) de todo lo que le mermara la fuerza vital a la humanidad

Una de sus mayores ambiciones fue decir en diez frases lo que otros dicen en un libro. Y no por economía mental, sino más bien por cuestiones fisiológicas y por su afán de subvertir las normas. Friedrich Nietzsche sufría de jaquecas y dolores oculares que lo privaban de dedicarse, por horas, a la lectura y la escritura. Por ello, los aforismos fueron sus canales de transmisión de ideas y de diatribas contra la modernidad, el monoteísmo, la metafísica occidental y la moral.

Además de textos breves que rumiaba por horas, y que llegaron luego de varios años de una prolífica producción de prosa, el filósofo y filólogo alemán (1844-1900) se valió de su afición por las máscaras para rebelarse contra el sistema.

Dioniso, Zaratustra y el Anticristo fueron sus tres personajes (o alter egos) que lo acompañaron en su multifacética avanzada filosófica.

Su influencia salió de los entornos académicos, llegando a convertirse inclusive y sin pretensiones, una cruzada política y artística. Sus conceptos teóricos fueron apropiados por el fascismo italiano y alemán y por talentos de las tallas de Kandinsky y The Doors.

“Su impronta se deja ver en la cultura en general. Nietzsche es considerado uno de los padres del posmodernismo, la corriente de pensamiento dominante desde hace unas décadas», escribe Toni Llacer, autor de Nietzsche.

“Paralelamente, algunos de los conceptos nietzscheanos, como el superhombre o la muerte de Dios, se han extendido más allá de las facultades de filosofía”, agregó.

Si bien Nietzsche militó las filas ideológicas de Schopenhauer y Richard Wagner, en su época de madurez intelectual –que alcanzó con los discursos de Zaratustra– arremetió aun contra ellos en su evasión (que se tornó obsesiva y megalómana) de todo lo que le mermara la fuerza vital a la humanidad.

Fue por ello que el controvertido y solitario filósofo se sometió a una especie de détox intelectual y social.

Según él, había sido padecido una fuerte intoxicación metafísica tras alimentarse de las obras de Wagner (cuya magnitud estética nunca dejó de reconocer) y Schopenhauer. Y para ello, creó la doctrina del “eterno retorno” y anunció el “superhombre”.

A pesar de su sangre aria y de autoerigirse en su etapa de decadencia intelectual como el mismo Anticristo, Nietzsche fue un acérrimo opositor de los antisemitas al ser considerados, por él, como los máximos reflejos de los sacerdotes judíos y personas reactivas que viven en torno a su propia victimización, que les permita culpar a otros de sus propios males.

“Nietzsche, además, rechaza su patriotismo y su creencia metafísica en una supuesta raza superior alemana”, añade Llacer.

En su propósito de combatir todas las ideas que le restan valor a la vida en nuestro planeta, el cristianismo fue una de las más incómodas ‘piedras en el zapato’ del filósofo alemán, debido a su máxima absolutista según la cual “los demás deben ser como yo”.

“Nietzsche no se opone, por ejemplo, a la humildad como valor en sí mismo. Reconoce que actuar de forma humilde puede beneficiar a cierto tipo de personas, del mismo modo que a un gusano le resulta útil enroscarse sobre sí mismo para no acabar aplastado”, explica el autor.

“El problema del cristianismo radica en su intención de aplicar sus recetas a todo el mundo. Al predicar el valor universal de la humildad, el cristiano actúa como un gusano que obliga al resto de los animales a enroscarse, incluso a aquellos que, como un elefante, no necesitan en absoluto esa estrategia de supervivencia”, agrega.

FOTO Portada Enlace del avatar de Sara Gmd (Pinterest).

Abril 29, 2022.