100 años de cine de monstruos

POR Christian Fernández

En 1921, la producción alemana Nosferatu: una sinfonía del horror abrió la lata al mundo de los monstruos. Un universo cinematográfico que, en un siglo, ha visto cómo infinidad de directores traían a la vida a esas criaturas que aterrorizaban a las masas. Agárrense para conocer su historia

El ser humano ha temido por aquello que rodea el mundo de la noche. Los mitos y leyendas sobre seres sobrenaturales que acechaban en las oscuridades han estado presentes desde el nacimiento de la razón en el hombre. Tan sólo el paso del tiempo y los avances en el mundo científico hicieron que esa gruesa línea que separaba lo racional de lo oculto se rompiera.

Porque, no hace muchas décadas, los cuentos y leyendas de criaturas extraordinarias aterrorizaban al colectivo social, que buscaba en antiguos rituales su protección. Por supuesto, esas creencias fueron aprovechadas por escritores y novelistas para sacar beneficio de ellas. Y, con la invención del cine a finales del siglo XIX, pocos años tardaron en ver una mina de oro en la explotación de este género.

Este 2021 se cumplen justamente 100 años de la filmación de la primera película protagonizada por un ser de las tinieblas. En 1921, la producción alemana Nosferatu: una sinfonía del horror abrió la lata al mundo de los monstruos. Un universo cinematográfico que, en un siglo, ha visto cómo infinidad de directores traían a la vida a esas criaturas que aterrorizaban a las masas. Agárrense para conocer su historia.

La Edad de Oro: Universal y sus monstruos clásicos (1923-1956)

En 1915, la productora de cine alemana PAGU estrenaba la película El Golem; la historia de una criatura de barro gigantesca que mediante un hechizo cobraba vida y asesinaba a todos aquellos que su creador ordenaba al deslizar una nota por su boca. El filme dirigido por Paul Wegener y Carl Boese fue un rotundo éxito, abriendo un mundo que nunca se volvería a cerrar.

Un jovencísimo Carl Laemmle Jr., propietario de Universal Pictures a principios de los años 20, vio una oportunidad en esas películas alemanas acerca de leyendas y criaturas tenebrosas, por lo que en 1923 probó suerte con la novela de Víctor Hugo El jorobado de Notre Dame. La historia de amor entre un desfigurado campanero y una zíngara no causó el efecto esperado.

Por ello, se tiene como inicio oficial de la Saga de los Monstruos Clásicos de Universal, el primer universo cinematográfico de la historia, el estreno en 1925 de El fantasma de la ópera, un filme basado en la novela de 1919 escrita por Gaston Leroux acerca de un misterioso desfigurado que acecha a una hermosa Christine Daeé en los sótanos de la Ópera de París. La cinta se convirtió, con el paso del tiempo, en una película de culto.

La burbuja acababa de inflarse y la década de los 30 iba a ver nacer a los personajes más icónicos del cine de monstruos de todos los tiempos. 1931 traería el Drácula de Béla Lugosi y el concepto de vampiro de Transilvania chupasangres. Un filme que fue llevado a España de la mano de George Melford, en el que el cordobés Carlos Villarías interpretaba al ser de la noche; teniendo una gran y brillante acogida.

Ese mismo año se estrenó Dr. Frankenstein, la primera adaptación de la historia del cine de la novela de Mary Shelley en la que un científico crea una criatura a partir de restos de cadáveres robados en un cementerio, con la circunstancia que el cerebro elegido es el de un antiguo asesino en serie. Boris Karloff saltó a la fama por su interpretación del monstruo de Frankenstein, y Universal aprovechó el tirón de su recién creado universo.

En 1932, La momia, la historia de un sacerdote del antiguo Egipto que vuelve a la vida 3 mil 700 años después, se estrenaba en la gran pantalla, y con ello otro monstruo se unía al elenco. Al igual que iba a hacer El hombre invisible en 1933. Esta fue dirigida por James Whale, quien ya había hecho Dr. Frankenstein, con Claude Rains en el papel de Jack Griffin, un científico que descubre una droga que le da el don de la invisibilidad, pero que a la vez le dota de una gran agresividad e instinto asesino.

¿El equipo estaba al completo? ¡No! Faltaba uno más por unirse a la pandilla. 1935 traería la película El lobo humano, donde un botánico, Wilfred Glendon, viaja al Tíbet por una extraña flor que crece a la luz de la luna y es atacado por un licántropo, contagiándose de la maldición. Contra todo pronóstico, el filme de Stuart Walker fue un rotundo fracaso y se decidió proseguir la saga con los personajes existentes.

Secuelas y más secuelas (1935-1943)

La novia de Frankenstein, en 1935, marcó el punto de salida a una década en la que Universal estrujó todo lo que pudo a sus recién creados y célebres personajes. El espectador pedía monstruos, sus monstruos, y estos llegaron con La hija de Drácula (1936), muy bien aclamada por la crítica; La sombra de Frankenstein (1939), en la que aparece por primera vez en pantalla el personaje de Ygor, y El regreso del hombre invisible (1940).

En el caso de la momia, la productora estadounidense decidió darle un giro total al personaje, estrenando en 1940 La mano de la momia, un filme sin relación con el de 1932 en el que unos escépticos arqueólogos buscan la tumba de una princesa egipcia y son abordados por el guardián que la custodia. Y ese mismo año, coincidiendo con la secuela de El hombre invisible, se estrena La mujer invisible, un spin-off femenino del personaje creado en 1933.

Universal está en alza, y en 1941 se intenta hacer que el licántropo de 1935 se impregne en los fans. Se estrena El hombre lobo, la historia de Larry Talbot (Lon Chaney Jr.), un joven americano que viaja a Gales y debido al ataque de un lobo, este adquiere la famosa enfermedad. Esa cinta no sólo hizo que el quinto personaje del Universo de los Monstruos Clásicos tuviera por fin acogida, sino que significó un total éxito en taquilla.

Para 1942, coincidiendo con el estreno de El fantasma de Frankenstein, El agente invisible y La tumba de la momia, Universal se queda sin ideas, y en la cabeza de los altos mandos estaba el pensamiento de que al final el chollo de las secuelas no iba a dar para más, por lo que en 1943 crearían un concepto sin precedentes en el cine: los crossovers.

Si no puedes derrotarlos, únete a ellos (1943-1948)

Frankenstein y el Hombre lobo protagonizaron en 1943 la primera vez en la historia que dos personajes de diferentes series se juntaban en una misma producción. El filme fue un éxito, y sentó las bases de los planes de futuro de Universal.

Además de revivir a un viejo conocido, el desfigurado de la Ópera de París. Y es que la productora americana estrenó en ese mismo año El fantasma de la ópera, remake de la película con la que se abrió el Universo. 1943 cerraría con la última película en solitario de la saga de Drácula: El hijo de Drácula haría al espectador ver, por primera vez en la historia, al protagonista convertirse en murciélago.

Si Los vengadores en 2012 te pareció el mejor crossover de todos los tiempos, en 1944 el público se maravilló con La zíngara y los monstruos, donde se vio, por primera vez, al monstruo de Frankenstein, Drácula y el Hombre Lobo juntos en pantalla. ¿Y el resto de personajes? Prosiguieron con sus cintas individuales con La venganza del hombre invisible, El fantasma de la momia y La maldición de la momia.

El crossover de 1944 fue un auténtico éxito, y Universal hizo lo que mejor sabía hacer en aquel entonces: una secuela. En 1945 se estrenó La mansión de Drácula, volviendo a ver en la gran pantalla a los mismos personajes de la cinta del anterior año. Mientras, paralelamente, en 1946 Jean Yarbrough traía La loba humana, spin-off independiente del filme de 1935 en el que se puede ver un personaje más profundo que salvaje.

La irrupción de Abbott y Costello y el fin del monstruoso universo (1948-1956)

Al mismo tiempo que el cine de monstruos, Universal, desde 1940, estaba estrenando películas de índole humorístico protagonizados por el dúo cómico Abbott y Costello. El éxito en pantalla de los pioneros de los gags coincidió con el comienzo del declive de los Drácula, Frankenstein y compañía.

Por lo que, en 1948, la productora americana probaría la fórmula del crossover que tanto éxito tuvo en el pasado. De esta forma, Abbott y Costello contra los fantasmas marcó el inicio de un nuevo tipo de cine, el de las parodias. El dúo cómico se las iba a ver con Drácula, el Hombre Lobo y el monstruo de Frankenstein en una película de terror y diversión a partes iguales. Sería, por cierto, la última vez que se vería a Béla Lusogi, Lon Chaney Jr y Boris Karloff en sus respectivos papeles.

Entonces Universal escurrió hasta la última gota una idea triunfal. En 1951 se estrenó Abbott y Costello contra el hombre invisible; en 1953 Abbott y Costello contra el Dr. Jekyll y Mr. Hyde, la primera vez que el personaje de la novela homónima de Robert Louis Stevenson llegaba a la gran pantalla; y, finalmente en 1955, Abbott y Costello contra la momia.

Paralelamente, Universal gastó su última bala en un nuevo monstruo, esta vez de creación propia: La criatura de la Laguna Negra. En 1954 se estrenó La mujer y el monstruo, en el que unos exploradores encontraban a un ser mitad humano mitad anfibio en una travesía por el Amazonas. Un ser, por cierto, que inspiraría a Guillermo del Toro para hacer su oscarizada película La forma del agua (2017).

El filme fue gratamente acogido, por lo que, ¿adivinan? Secuelas. En 1955 se estrenó la segunda parte: El regreso del monstruo. Y en 1956, El monstruo vengador, poniendo punto y final a más de tres décadas de monopolio del cine de monstruos.

La Etapa de los monstruos gigantes (1952-1969)

Paralelamente al final que estaba experimentando el Monsterverso de Universal, otras productoras de cine de todo el globo estaban empezando a abrirse un hueco en el cine de monstruos. En 1951, por ejemplo, Christian Nyby traería El enigma de otro mundo, película basada en la novela de John W. Campbell ¿Quién anda ahí?, sobre un grupo de científicos que descubre en el Ártico una criatura de otro planeta que amenaza con destruir la vida en la Tierra. ¿Les suena el argumento? Y es que este sería el filme que sentaría las bases para La Cosa.

1952 traería a la luz El monstruo de los tiempos remotos, la historia de un dinosaurio que vuelve a la vida tras un experimento nuclear que provoca el deshielo en el que estaba preso la criatura y siembra el caos entre la población. Una producción que supondría el inicio del cine que triunfaría en las siguientes décadas, especialmente en Japón, el de los monstruos gigantes.

En 1954, la productora japonesa Toho, de la mano del prestigioso director Ishiro Honda, traería a la vida a uno de los monstruos más populares de la historia del cine: Godzilla. Con Godzilla. Japón bajo el terror del monstruo comenzaba una saga que hasta hoy perdura. La historia de un reptil mutante que siembra el caos allá por donde va marcaría a toda una generación de guionistas con ansias de comer su trozo del pastel.

Ese mismo año se estrena en Estados Unidos La humanidad en peligro, o cómo unos experimentos nucleares hacen que miles de hormigas adquieran proporciones épicas y amenacen con destruir a la humanidad. La cosa seguiría con Surgió del fondo del mar (1955), la historia de un pulpo gigante que destruye todo a su paso, Tarántula (1955) o cómo cambiar a las hormigas por arañas del filme de 1954, y Godzilla contraataca (1955), la secuela de la del año anterior.

El monstruo de otro planeta (1957), en el que una masa gelatinosa llega a la Tierra desde Venus y, cada noche, dobla su tamaño, amenazando la vida en el planeta, cerraría la etapa en Estados Unidos. Desde ese momento, será el maestro japonés Ishiro Honda el que tome el testigo del cine de monstruos gigantes.

El Universo de Ishiro Honda (1956-1969)

Se reconoce al cineasta japonés Ishiro Honda como uno de los principales precursores históricos del cine de monstruos. Si bien es cierto que Godzilla vino de su mano en 1954, la saga real del reptil más famoso de la historia del cine, con perdón de Jurassic Park, comenzó en 1956 con el estreno de Godzilla, con un argumento similar al de la original, pero con las características atómicas que en la actualidad se puede vislumbrar.

Ese mismo año estrenaría Rodan: los hijos del volcán, en el que animales gigantes mutantes y pterodáctilos prehistóricos emergen de una mina y aterrorizan a la población. Y, dos años más tarde, en 1958 Varan, el inconcebible volvería a poner a un reptil monstruoso y divino en el punto de mira. De la misma forma que Mitad hombre: la historia del abominable hombre de las nieves, en la que unos aldeanos de una isla japonesa conviven con una criatura primatesca.

1961 sería el año de retorno de los monstruos clásicos de Honda con el estreno de Mothra, la polilla gigante atómica más famosa del cine. Y sólo un año después, el cineasta japonés traería a la luz uno de los crossovers más populares de la época: King Kong contra Godzilla. Hay que destacar que el simio más icónico de la historia del cine ya había tenido dos películas en solitario (King Kong y El hijo de Kong, ambas en 1933), pero en esta ocasión, Toho traería la versión en la que el primate viaja a Tokio para medirse a Gozdilla en la ya famosa pelea final en el Monte Fuji.

La película fue un éxito no sólo en Japón, y ya saben que, si en el mundo del cine algo funciona, la política es exprimirlo hasta que aburra. En 1964 se prosiguió con las secuelas de Godzilla, estrenándose Godzilla contra Ghidora, el dragón de tres cabezas, y Godzilla contra Mothra. Además de la primera aparición de un alienígena en una cinta de Honda, como lo sería Dogora, el monstruo del espacio, película en la que una ameba gigante llegada del espacio comienza a absorber a la gente para su subsistencia.

Ishiro Honda quiso seguir probando suerte con el mundo de los primates con el estreno, en 1966, de La batalla de los simios gigantes, en la que dos criaturas, Gaira y Sanda, que representan el mal y el bien, se sumergen en una intensa batalla. La crítica salvó por los pelos la producción, por lo que el cineasta japonés decidió volver a los combates entre reptiles monstruosos y seres de otros tiempos. La isla de los monstruos, de 1969, supuso el inicio del fin del legado monstruoso de Honda.

Durante la década de los 70 fueron varios los directores que quisieron sacar tajada de Godzilla. Estrenos como Godzilla contra Megalon (1973), Godzilla contra Cibergodzilla (1974) o Godzilla contra Mechagodzilla (1975), esta de Ishiro Honda, acabaron por exprimir del todo al reptil radioactivo.

La segunda Edad de Oro, la era de los remakes (1974-1994)

Hay que destacar que, paralelamente al éxito que Honda estaba teniendo en Japón, en las fronteras americanas se estrenaría, en 1958, La mosca, y un año más tarde El regreso de la mosca; una de las películas más representativas del cine de monstruos en el que un científico experimenta consigo mismo una transferencia de materia y, por error, acaba fusionándose con el pequeño insecto.

1974 arrancaría con la vuelta de uno de los personajes más icónicos del cine de monstruos. Mel Brooks estrenaba El jovencito Frankenstein, la historia del nieto del Dr. Frankenstein original que, al igual que su abuelo, decide dar vida a un monstruo semejante al que años atrás había triunfado en Universal. Con la veda abierta, comenzaron las resurrecciones de los clásicos.

King Kong (1976) daría a conocer la historia que todos conocemos del famoso primate capturado en una isla de la Micronesia y llevado a Nueva York para exhibirse, con su entramado romántico como contexto. Nosferatu, vampiro de la noche (1979) cerraría la década de los 70 con la remasterización del personaje alemán con el que comenzó el cine monstruoso.

Los 80 prosiguieron con el testigo con el estreno de La cosa (1982), esta vez ya con el argumento de la metamorfosis de la criatura en los miembros de la expedición (en parte influenciado por La invasión de los ultracuerpos, estrenada en 1979), La mosca (1986), con un imperial Jeff Goldblum, King Kong 2 (1986), en el que se presenta al personaje de Lady Kong, Una pandilla alucinante (1989), filme en el que los ciudadanos de una pequeña población ven como de la noche a la mañana aparecen monstruos de la talla de Drácula, el Hombre Lobo o Frankenstein, La Mosca II (1989), secuela que tiene como protagonista al hijo mutante del científico que encarnaba Goldblum, y El fantasma de la ópera (1989), esta vez con poderes sobrenaturales.

Esta segunda edad de oro del cine monstruoso se cerraría con dos auténticas obras de arte. En 1992 vería la luz Drácula de Bram Stoker, con un elenco formado por figuras de la talla de Gary Oldman, como el conde Drácula, Winona Ryder y Keanu Reeves, y Anthony Hopkins como Van Helsing. La producción de Francis Ford Coppola, quien ya había traído la saga de El padrino años atrás, fue un rotundo éxito.

La otra llegaría dos años después, en 1994, con Frankenstein de Mary Shelley, con Kenneth Branagh como director y dando vida al Dr. Frankenstein; Robert de Niro, como su abominable creación, y Helena Bonham Carter como el gancho romántico. Nuevamente, el remake fue gratamente recibido por la crítica.

George A. Romero y el fenómeno zombi (1968-1985, 2005-2009)

No se puede hablar de cine de monstruos sin mentar a los muertos vivientes, de la misma forma que no se puede hablar de esos cadáveres antropófagos sin citar al “padre” de estos: George A. Romero. Y es que, se puede decir a ciencia cierta, que el cineasta americano tiene el honor de haber sido el creador del concepto de muerto errante devorador de humanos que hoy se conoce.

El cine de zombis, que debería tener un apartado especial sólo para él, nace en 1932 con La legión de los hombres sin alma. Sin embargo, este tipo de muerto viviente es más semejante a las leyendas vudús de Haití de revivir a los muertos para ponerlos al servicio de una persona poderosa que al concepto con el que hoy los conocemos.

Es por ello que no es hasta 1968, con el estreno de La noche de los muertos vivientes, cuando se da el comienzo al verdadero cine de zombis. Esta película, junto con Zombi (1978), secuela de la anterior, y El día de los muertos (1985), final de la primera saga de Romero, pone las bases de las características que tiene que tener este personaje. Estas no son otras que muertos que vuelven a la vida debido a un virus con ansias ciegas de carne humana, sin capacidad de raciocinio, lentos pero incansables.

Pasarían exactamente 20 años hasta que los zombis de George A. Romero volvieran a hacer acto de presencia en la gran pantalla. En 2005 se estrenaría La tierra de los muertos vivientes, una continuación, pero esta vez en la época actual, de la saga finalizada en 1985. La película tiene claros guiños a la de 1968, en cuanto a que los muertos tienen más capacidad para interactuar con lo que les rodea. Con dicho filme se puso punto y final a la saga iniciada en el 68.

En 2007 se estrena El diario de los muertos, película que no tiene relación con el resto en la que se trata más detenidamente el caos que experimenta un pequeño pueblo ante la horda vírica. Y, finalmente, en 2009 llegaría La resistencia de los muertos, en la que los habitantes de una remota isla americana experimentan cómo los muertos vuelven de entre las tumbas y toman su lugar de residencia.

Aunque, al hablar del cine de zombis se tiene que puntualizar lo que significó 28 días después (2002). Esta producción inglesa, dirigida por Danny Boyle y protagonizada por Cillian Murphy (que si te suena es por Peaky Blinders) cuenta los estragos de un virus que convierte a la gente en muertos vivientes ha ocasionado en el Reino Unido en menos de un mes.

Lo realmente a destacar es que esta película dio un giro irreversible en este género al dotar, por primera vez en la historia, de velocidad a sus personajes moribundos. Desde ese momento, las siguientes producciones de esta índole, tales como 28 semanas después (2007), la aclamada serie The Walking Dead (2010-) o Guerra Mundial Z (2013), en esta incluso pueden correr más que un ser humano normal, crearon a sus muertos vivientes con ciertos dotes Usain Boltianos.

El Siglo XXI y el intento de modernizar los clásicos (1998-2021)

Antes de incidir en los filmes monstruosos de las primeras décadas de los 2000 conviene explicar que sagas como Pesadilla en Elm Street, Viernes 13 o La matanza de Texas están muy alejadas del concepto que se tiene de cine de monstruos en cuanto a que son creaciones propias, no sacadas de novelas o con influencia directa de los clásicos. Resumiéndose en una serie de asesinos, algunos con poderes sobrenaturales, cuyo único propósito es la satisfacción con la muerte de sus víctimas.

De la misma forma que los famosos Alien y Predator, más relacionados con el cine de terror de índole transplanetaria. Para que se hagan una idea, que una criatura de otro planeta visite la Tierra lo convierte en alienígena; pero que sea el ser humano el que lo haga, lo aleja de las bases clásicas del cine de extraterrestres.

Con todo ello, Godzilla (1998) se erige como el punto de partida al nuevo concepto de los remakes modernos. Si la etapa anterior buscaba remasterizar los clásicos respetando la época en la que estaban ambientados, esta nueva lo que busca es traer a esas criaturas a los tiempos actuales. El filme de Roland Emmerich, protagonizado por Matthew Broderick y Jean Reno, no sólo trae al reptil gigante al Nueva York de principios de siglo, sino que busca una imagen más “natural” del monstruo; más parecido a un dinosaurio que a su versión atómica.

La Momia de Brendan Fraser (1998-2008)

El filme de un Godzilla en tiempos actuales no tuvo gran acogida en el espectador, por lo que Universal, en su idea de resucitar a uno de sus monstruos por excelencia, decidió viajar a 1926 para traer La Momia, la historia de un sacerdote del Antiguo Egipto que resucita por accidente gracias a una maldición, un remake directo del clásico de 1932. Con la particularidad de añadir los suficientes toques cómicos como para significar un éxito en taquilla.

La película protagonizada por Brendan Fraser supuso el inicio de un nuevo concepto, el de mezclar terror y claves menores de humor, como ya había ocurrido en Godzilla (1998). En 2001 se estrenaría la secuela, El regreso de la Momia, con una acogida mayor que su predecesora.

Sin embargo, todo cambió en 2008 con La Momia: la tumba del emperador Dragón, en la que trasladaron la trama de Egipto a China; siendo muy criticada en taquilla y suponiendo el adiós por la puerta de atrás de una de las mejores sagas del cine de monstruos.

Paralelamente, otros directores estaban siguiendo el ejemplo de dejar los clásicos en su época, como King Kong de 2005, en el que Peter Jackson respeta a la perfección el filme de 1976, e incluso hace hincapié en toda la biosfera que compone la Isla Calavera, algo que sentará las bases del Monsterverso de la Warner. O, de igual forma, con La Cosa de 2011, sirviendo de precuela del filme de 1982. Ambas muy aclamadas por la crítica

El proyecto fracaso de Universal (2010-2020)

Con el éxito que había significado la saga de La Momia, Universal decidió hacer lo mismo con el resto de sus personajes clásicos. En 2010 estrenan El Hombre Lobo, un remake de la cinta de 1941 protagonizado por Benicio del Toro y Anthony Hopkins. El filme cumplía las claves del éxito cosechado con el monstruo egipcio: guion lo más parecido al original y ambientación clásica; lo que significó unas buenas reseñas.

Sin embargo, la productora americana quiso ir a más con la siguiente. Nunca se había explicado el origen de Drácula, un personaje directamente influenciado por la historia de Vlad el Empalador, por lo que Universal se aventuró con Drácula: la leyenda jamás contada (2014). Un experimento que terminó por fracasar.

Al igual que lo haría La Momia (2017) de Tom Cruise, un nuevo intento de acercar los clásicos a la época actual. Y es que tres años antes ese mismo experimento sí que había tenido resultado positivo con Godzilla (2014); por lo que Universal decidió probar, pero con contrario resultado.

Incluso en ese filme se abría la puerta a otras criaturas como el Dr. Jekyl y Mr. Hyde, interpretado por Russell Crowe. Algo que nunca los espectadores volverían a ver. La buena crítica conseguida por El Hombre Invisible, de 2020, deja el futuro abierto para la continuación o no de esta nueva saga de clásicos.

El futuro del cine de monstruos: el Monsterverso de la Warner (2014-2028)

Como ya se ha mencionado, la adaptación moderna de Godzilla en 2014 supuso un éxito en taquilla y la llave para un nuevo serial basándose en los monstruos de Ishiro Honda. Con ello, tres años más tarde, llegó Kong: la isla calavera (2017) y cómo hacer de una precuela un éxito.

La película viajaba al territorio del gigantesco simio a la década de los 70, de igual forma que en los filmes de 1976 y 2005, pero con la diferencia del giro total del argumento, dando una nueva versión en la que los americanos no tienen la intención de secuestrar al primate, sino acabar con él. De igual forma que Godzilla, la película recibió buenas críticas y sentó la clave para el resto del Monsterverso.

Tras ello llegó Godzilla: rey de los monstruos (2019), una mezcla de cine de monstruos y destrucción que rescataba a criaturas clásicas de la talla de Mothra, Rodan o Ghidorah. Un segundo capítulo en la saga de monstruos gigantes que daba sus frutos. Y es que Warner jugó con la poca popularidad que estos monstruos japoneses habían tenido lejos de la isla asiática en décadas pasadas.

El crossover Godzilla vs. Kong de 2021, en el que incluso se pudo ver a un proyecto de Mechagodzilla significó un auténtico boom en taquilla y el final de una fase que tendrá su continuación hasta 2028.

El futuro del cine de monstruos está centrado ahora en una nueva etapa de gigantes, con el caos y la destrucción de telón de fondo. Aunque, como bien se ha podido ver a través de un siglo de historia, las modas y los estilos llegan, se exprimen, y se van; dejando paso a otros. El cine es algo que perdurará, y funcionando este, el subgénero monstruoso proseguirá su marcha imparable.

FOTO Portada 12 películas espeluznantes que te harán llegar a la redada (Treehugger)

Tomado de: Marca. Octubre 29, 2021.