Leones de Alaska


POR Alfredo C. Villeda
El felino en su amplitud, desde el poderoso dientes de sable hasta el nocturno gato doméstico de nuestros días. Blake evoca al tigre y se pregunta “qué ojo pudo idear su terrible simetría”; Baudelaire canta al gato y sus “ojos de metal y ágata”
(thefamilyvacationist.blogspot.com)
Las verdades absolutas no tienen cabida ni en la ciencia. Un documental de National Geographic, a partir de un seguimiento puntual a una manada de leones en Kenia, echó abajo hace 10 años dos “verdades científicas” sobre esos felinos: que no nadan y que tienen más éxito cuando cazan a una grácil jirafa que a un titánico búfalo cafre.
Los resultados presentados con todo detalle, también en la versión impresa, demostraron que un león es capaz de lanzarse sobre el lomo de un hipopótamo en un pantano y volver nadando a la orilla. En el segundo punto, el descubrimiento es acaso más intrigante. Solo tres de cada 10 ataques a una jirafa concluyen con la muerte del cuadrúpedo, cuyas coces son mortales; en cambio, siete de cada 10 ofensivas contra un enorme búfalo cafre fructifican.

Las novedades científicas sobre estos carnívoros, empero, no tienen freno. El equipo de la BBC que durante esta década ha grabado, entre otros, el programa Big Cats Diary [Diario de grandes felinos], cuyo presentador, Jonathan Scott, lleva 30 años observando a la especie en la sabana africana, ha revelado datos insólitos en emisiones recientes: el hallazgo de detalladas pinturas rupestres sobre leones en Europa y aun en Alaska, lo que comprueba, de entrada, dos hechos. La cercanía de los antiguos hombres con la especie Panthera leo y la expansión de ésta, otrora, en los rincones más inusitados del globo. Hay que recordar que en la actualidad solo pueden ser vistos en libertad en África y en una reducida región asiática, si bien la melena de los machos es escasa ahí.
Otro dato significativo fue demostrar, a través de una serie de experimentos de sonido, que un león puede contar y, con ello, tomar una decisión. Los investigadores utilizaron los rugidos grabados de varios machos. Al reproducirlos a cierta distancia de un jefe de manada, éste sabía si era de uno, dos o tres eventuales rivales, sus dimensiones, y con ello definía si se lanzaba a atacar y defender territorio con su equipo, siempre que tuviera ventaja numérica.
El león, pues, no solo cautivó la imaginación de los antiguos y la investigación científica actual; también a los romanos con su circo de sangre y, en gran medida, a poetas de todo signo. El felino en su amplitud, desde el poderoso dientes de sable hasta el nocturno gato doméstico de nuestros días. Blake evoca al tigre y se pregunta “qué ojo pudo idear su terrible simetría”; Baudelaire canta al gato y sus “ojos de metal y ágata”.
Y Borges, siempre Borges, escribe con inmejorable música el detalle de la majestuosa fiera: “Ni el esplendor del cadencioso tigre/ ni del jaguar los signos prefijados/ ni del gato el sigilo. De la tribu/ es el menos felino, pero siempre/ ha encendido los sueños de los hombres./ Leones en el oro y en el verso,/ en patios del islam y en evangelios,/ vastos leones en el orbe de Hugo,/ leones de la puerta de Micenas,/ leones que Cartago crucifica./ En el violento cobre de Durero/ las manos de Sansón lo despedazan./ Es la mitad de la secreta esfinge/ y la mitad del grifo que en las cóncavas/ grutas custodia el oro de la sombra./ Es uno de los símbolos de Shakespeare./ Los hombres lo esculpieron en montañas/ y estamparon su forma en las banderas/ y lo coronan rey sobre los otros./ Con sus ojos de sombra lo vio Milton/ emergiendo del barro el quinto día,/ desligadas las patas delanteras/ y en lo alto la cabeza extraordinaria./ Resplandece en la rueda de Caldeo/ y las mitologías lo prodigan. / Un animal que se parece a un perro/ come la presa que le trae la hembra.”