Un Cervantino a la distancia


POR Teófilo Huerta
A la distancia del tiempo que vivió Cervantes se hace patente su actualidad en las letras y la cultura toda. A la distancia del terruño que lo vio nacer y morir cobra sentido su universalidad, amén de que el escritor tuvo clara conciencia de la existencia de nuestro territorio
Guanajuato, sede del Festival Internacional Cervantino (thehappening.com)
Desde hace 40 años, México celebra al máximo exponente de la literatura hispana: Miguel de Cervantes Saavedra. El espíritu del escritor y de sus entrañables personajes rondan por unas semanas las coloniales callejuelas y plazas de la ciudad de Guanajuato. Sabia fue la decisión de instaurar este homenaje anual en un sitio donde la colonia española marcó nítida su huella.
A la distancia del tiempo que vivió Cervantes se hace patente su actualidad en las letras y la cultura toda. A la distancia del terruño que lo vio nacer y morir cobra sentido su universalidad, amén de que el escritor tuvo clara conciencia de la existencia de nuestro territorio.

De la majestuosa fiesta que ocurre en Guanajuato y alcanza con algunas representaciones otros puntos del país, todos tenemos noticia y podemos ser testigos también a la distancia de sus variados programas artísticos. Pero no cabe duda que estar inmerso en esos días en el centro mismo del festival debe ser una experiencia apasionante e inolvidable.
He visitado en tres ocasiones la ciudad de Guanajuato, respirado su ambiente y recorrido pausadamente sus calles y plazas; escuchado in situ a las estudiantinas y saboreado su cocina. No obstante hasta ahora me he perdido de la experiencia Cervantina.
A principio de los años 80 estuve a punto de acudir al Festival, pero por doble partida los planes no prosperaron. Me había inscrito en un paquete organizado por los pasantes de la carrera de Turismo del Politécnico y justo cuando acudí a liquidar los gastos fui informado de la cancelación. Raudo y veloz reservé en un paquete similar con el organismo del Estado dedicado a la juventud y en un par de días telefónicamente recibí la misma noticia de cancelación. No medió en ninguno de los casos mayor explicación; se sobreentiende que las gestiones de ambas agencias fracasaron seguramente en el rubro de hospedaje, el más delicado, pues a pesar de la valiosa infraestructura hotelera de la ciudad y localidades circunvecinas, queda rebasada ante la significativa demanda de mexicanos y extranjeros.
Pasada aquella frustrante experiencia, no realicé postreros intentos. Pienso en que llegará un día en que sin buscarlo demasiado se me dé cómo regalo de la cultura ese formidable encuentro con las artes y el espíritu de Cervantes; no por ello dejo de celebrar que nuestro país albergue tan singular festival.