Incesto: un terremoto que sacude a la clase política de Francia

POR Ana Lorenzo Froufe

Camille Koucher, hija de Bernard Kouchner, ex ministro francés y cofundador de Médicos Sin Fronteras, narra en el libro La familia grande los abusos sexuales de su padrastro, el politólogo Duhamel, a su hermano gemelo, lo que ha desatado el movimiento #MetooIncesto y puesto ese tabú en el centro del debate

“Si hablas, muero”, le suplicó su hermano. “Tenía 14 años y lo dejé pasar. Tenía 14 años, lo sabía y no dije nada”, escribe ella ahora. La jurista Camille Koucher, hija de Bernard Kouchner, ex ministro francés y cofundador de Médicos Sin Fronteras, se ha atrevido a abrir la caja de los truenos. A nombrar lo innombrable: el incesto. En su libro –La familia grande— narra los abusos sexuales que sufrió su hermano gemelo por parte de su padrastro, el célebre politólogo Olivier Duhamel, miembro honorable de la élite intelectual francesa y habitual de los medios de comunicación.

Tras su publicación, en redes sociales se ha desatado un nuevo movimiento bajo el hashtag #MetooIncesto, con miles de testimonios de víctimas que se han atrevido a dar el paso animados por ese libro valiente. Incluso el presidente francés, Emmanuel Macron, se ha comprometido a recoger el guante. El libro ha engrosado en tiempo récord (se publicó el 7 de enero) el altar de las obras que derriban muros.

Es una bomba, y la onda expansiva, amplia. “Mucha gente lo sabía”, denuncia Camille Kouchner (que ahora tiene 45 años). La familia grande, en español, es el título porque así llamaba su padrastro al poderoso entorno de amigos.

Abusos en el seno de la élite cultural de la ‘gauche divine’

El escándalo pone al país frente al espejo. Camille y su hermano –al que llama “Víctor” para proteger su identidad— se criaron en el seno de la gauche divine (la izquierda divina). Su madre era Évelyne Pisier, especialista en historia política, escritora, profesora, modelo del pensamiento feminista. En los sesenta tuvo una aventura con el líder cubano Fidel Castro. Su hermana (la tía de los gemelos) era la actriz Marie-France Pisier, musa de François Truffaut.

Camille y su hermano nacieron –en 1975— del matrimonio entre Évelyne Pisier y Bernard Kouchner, un padre “ausente” por sus viajes por el mundo y su entrega a la causa humanitaria (la carrera política fue más tarde). La pareja acabó divorciándose. Los niños tenían seis años cuando llegó a sus vidas un nuevo “padre”: Olivier Duhamel (con quien la madre acabó casándose). “Son mis hijos”, les decía. Confiaban en él. Le rodeaba un aura de carisma, reconocimiento social y poder.

Eran finales de los 80, tenían “13 o 14 años” cuando el padrastro comenzó a colarse por las noches en la habitación del hijo. Los abusos sexuales duraron más de dos años. Se impuso el silencio.

No les resultó fácil, pero en 2008 los hermanos se decidieron a contárselo a la madre. Ella reaccionó mal, con reproches. Quería evitar el escándalo, no había que “desestabilizar” a la familia. Su tía, la famosa actriz, sí se puso del lado de los sobrinos; intentó que Evelyne se separara de Duhamel. Las hermanas Pisier no estaban de acuerdo en la forma de afrontar la situación. Dejaron de hablarse. Marie France, la estrella de cine, murió en 2011; su cuerpo apareció en la piscina de su casa. Se habló de un posible suicidio.

En cuanto a Evelyne, había dado completamente la espalda a sus hijos cuando murió, en 2017.

El fin del silencio de ‘un gran secreto’

Camille Kouchner ha contado que mucha gente del círculo intelectual de sus padres conocía esos abusos sexuales. Llueve sobre mojado en Francia. Hace tan sólo un año, otro libro –El consentimiento de Vanessa Springora— ya sacudía cimientos.

La autora narraba su antigua relación –a los 14 años— con el escritor Gabriel Matzneff. Este solía presumir de pedofilia –escapadas a Tailandia incluidas— ante la complacencia de ciertos sectores del mundillo cultural; más aún, de su veneración, contaba Vanessa Springora. Ella y Camille Kouchner crecieron en la misma zona de París: el mítico Saint-Germain-des-Pres, el barrio de los intelectuales, con sus legendarios cafés y librerías. La crème de la crème.

“Por supuesto que pensé que mi libro podría parecer obsceno a causa de la fama de mi familia. Pero entonces pensé que eso es exactamente lo que hay que hacer”, ha explicado Camille Kouchner a la revista L’Obs. No escribí en nombre de mi hermano, sino de hermanas, de sobrinas… de todos los afectados por el incesto. La omertá en una familia pesa sobre todos”.

Según ha contado el diario Le Monde, el hermano leyó el manuscrito antes de su publicación. El padre, Bernard Kouchner (ministro de Exteriores entre 2007 y 2010), ha declarado en un comunicado: “Un gran secreto que nos ha pesado durante demasiado tiempo ha sido felizmente levantado. Aplaudo el coraje de mi hija Camille”.

“Elegí escribir porque ya no podía estar en silencio”, ha contado ella a L’Obs. “Hace un año, les expliqué a mis hijos lo que había sucedido. Necesitaba mostrarles que no todos íbamos a quedar atrapados en ese silencio”, ha señalado.

“No protegí a mi hermano, pero yo también fui agredida. No lo entendí hasta hace poco: nuestro padrastro también me convirtió en su víctima. Me hizo prisionera. Yo también soy una de sus víctimas. Víctima de la perversidad”, ha escrito.

Tras conocerse el escándalo, Duhamel (quien actualmente tiene 70 años) dimitió de su cargo como director de la Fundación Nacional de Ciencias Políticas. Justificó su renuncia “por ser blanco de ataques personales” y para “preservar las instituciones en las que trabajo”. La Fiscalía de París ha abierto una investigación sobre el caso.

#Metooincesto, Macron y la lucha contra la desprotección de las víctimas

El testimonio de Camille Kouchner y el estallido del movimiento #Metooincesto han puesto en el foco ese tabú. Miles de mensajes en redes sociales han sacado a la luz experiencias traumáticas. “Yo tenía cinco años, fue un primo de 39”, cuenta uno de esos desgarradores testimonios en Twitter.

Esta semana, el presidente francés ha dicho que se compromete a “escuchar” y a “adaptar” la ley para responder al problema. “La vergüenza, hoy, cambia de campo”, ha asegurado. Antes, en un vídeo difundido en redes sociales, Macron habló de “la valentía de una hermana que ya no pudo callar”; pero también de “miles de personas más que dan testimonio de su vida rota”. “Estamos aquí. Te estamos escuchando. Nosotros creemos en ti. Y nunca volverás a estar solo”, les dijo a las víctimas del incesto.

Hace décadas, no encontró ese apoyo y comprensión Eva Thomas. Fue la primera persona que se atrevió en Francia a hablar, a cara descubierta, del trauma por ese infierno. Su padre la había violado con 15 años. Corría el año 1986 cuando ella apareció en el programa televisivo Dossiers de l’écran. Tuvo que aguantar que un ginecólogo presente en plató hablase de su caso como “juego de seducción” o “relación romántica”, recuerdan ahora medios franceses.

El pasado 20 de diciembre –aún no se había publicado La familia grande— ya se creó en el país una comisión sobre incesto para abordar el problema. Los datos estremecen: según una reciente encuesta difundida por Le Monde, entre 5 por ciento y 10 por ciento de los franceses han sido víctimas de violencia sexual durante su infancia.

FOTO Portada Camille Kouchner .“La culpa es como una serpiente: un secreto familiar remece a Francia” (The New York Times)

Tomado de: Nius. Enero 30, 2021.