Lewis Carroll: el amor por una niña de diez años

POR Teresa Amiguet

En mayo de 1865, Lewis Carroll, diácono y profesor de matemáticas, publica Alicia en el país de las maravillas, libro que dedica a su musa Alice Liddell, de 10 años. Poco tiempo después, la madre de la niña prohíbe al escritor cualquier contacto con su hija? ¿La decisión de la madre tuvo que ver con que el autor pidiese en matrimonio a la menor?

El diacono Charles Dodgson era un profesor de matemáticas solterón que adoraba a las niñas y gustaba de relacionarse con ellas. Con el consentimiento de los padres, amparado en la estricta moral victoriana presuntamente incapaz siquiera de concebir un comportamiento pecaminoso, fotografiaba y dibujaba a las impúberes, en muchos casos desnudas o en actitudes y posiciones consideradas hoy como insinuantes o eróticas. Con el beneplácito de sus compañeros de la Universidad de Oxford, que satisfechos dejaban que fotografiase a sus hijas, pudo fotografiar a entre doscientas y trescientas niñas.

El 4 de julio de 1862, la vida de Dodgson da un vuelco. Aquella mañana, escribe en su diario que, acompañado de su amigo, el también reverendo Robinson Dukworth, ha llevado a las tres niñas de la familia Liddell –Lorina, Alice y Edith, hijas del decano de la Universidad de Oxford—, a tomar el té en una pequeña barca a orillas del Támesis. Subyugadas por el magnetismo del matemático, le han pedido que les contase un cuento, y éste, deseoso de satisfacerlas, se había apresurado a idear una historia. Así, echando mano de sus conocimientos matemáticos y de su portentosa imaginación, e interrumpido oportunamente por las creativas e interesantes aportaciones de las niñas, se gestó la obra magna que nos ocupa. Esa misma tarde, Dodgson decidió que la protagonista de la historia que acababan de inventar fuese la mediana de las hermanas, Alice, que acababa de cumplir 10 años.

Subyugada, Alice transmite su entusiasmo al aprendiz de escritor que, alentado por la pequeña decide plasmar la historia en un libro. El matemático se pasa la noche en vela evocando las historias que ha contado en el barco. El 13 de noviembre de 1862 se pone manos a la obra y empieza a escribir. El mes de febrero del año siguiente el manuscrito queda completo. El texto, empero, no queda definitivamente listo hasta septiembre de 1864. La obstinación de Dodgson, empeñado en ilustrar personalmente la obra a mano retrasa su publicación. Finalmente, la encomiable tentativa de su autor queda relegada y las ínfulas de Dodgson son inanes. Sus bocetos son sustituidos por las ilustraciones realizadas por el dibujante satírico John Tenniel. El libro cuenta en total con 42 dibujos salidos de su pluma.

En mayo de 1865, es publicado por el sello editorial Macmillan an Co, con el que será ya su título definitivo, Alicia en el país de las maravillas. La primera tirada alcanza los 2 mil ejemplares, pero el ilustrador Tenniel, descontento con la impresión final, veta su comercialización en Inglaterra.

Los ejemplares se venden a Appleton, editor neoyorquino que tras modificar la portada publica la primera edición estadounidense.

Pero Macmillan no se resigna y prepara una nueva edición de la obra, que aparece pocos meses después, en otoño de 1865.

La editorial recibe un encargo del que ya es su autor talismán, Lewis Carroll, pseudónimo adoptado por el reverendo matemático Charles Lutwidge Dodgson.

El libro ha obtenido un gran éxito en poco tiempo y Carroll, consciente de su triunfo, exige a su editorial que uno de los ejemplares se encuaderne en vitela blanca, un pergamino muy delgado de alta calidad que quiere regalarle a su musa: Alice Liddell.

Hasta aquí todo bien. Pero… ¿por qué prohibió la madre de Alicia al escritor todo futuro contacto con su hija? ¿Era Lewis Carroll un pederasta y un perverso sexual? Cierto es que Carroll no estuvo acertado al pedir poco después en matrimonio a Alice, como también es verdad que su comportamiento resulta harto sospechoso. Pero, tal y como han señalado sus biógrafos, no es menos auténtico que no se tiene constancia de que el autor llevara a la práctica sus presuntas perversiones sexuales, amén de que el celo de la progenitora de Alice se podía deber a su presunción de casar a su hija con un pretendiente más “lucrativo” que el humilde diácono.

Sea como fuere, Alicia en el país de las maravillas marca un antes y un después en la historia de la literatura infantil contemporánea. Carroll creó uno de los más prestigiosos bestseller del género, logrando plasmar en papel su asombrosa imaginación y su lógica impecable.

Así que, 155 años después de su publicación, Lewis Carroll bien se merece que entonemos, al contrario que el conejo y el sombrerero loco, un ‘Feliz Sí cumpleaños a ti, a ti’.

FOTO Portada Alice Liddell, Ina Liddell, Harry Liddell, Edith Mary Liddell (National Portrait Gallery)

Tomado de: La Vanguardia. Noviembre 25, 2020.