Amorosas poéticas


POR Óscar Garduño Nájera
Yo le apuesto a los aguijones de tus besos, a la mordedura de tus miradas, al veneno de tus manos, al elixir de tus piernas, a la ponzoña de tus redondos pezones, a la pócima del hermoso monte de tus nalgas, a morir y renacer entre tus brazos noche con noche
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1.Digamos que no te idolatro, que no te idealizo, que no eres distinta a la mujer que soñé; muy por el contrario: eres la mujer que quiero, la que alcanzo, la que pone el alimento en mis deseos y mi corazón… eso me basta para sobrevivir bajo el rincón de tus brazos, donde por patria tus caderas, por himno tus labios, por territorio las fronteras que delimitan la tristeza cada que partes de mí.

2.Es el aire que me alivia a través de tus besos, tu mirada cual ventana al mejor de los infiernos, las cálidas palabras entre los dos como fuego perpetuo… existes, te toco, eres real, y día con día te canto, te celebro.
3.Tan pronto como amanezca habré de esconderme entre tus piernas, atrincherarme en tus mojados labios, comandado por tu respiración resquebrajada, acribillado con la luz de tus pezones, acobardado con la punta de tu lengua… terminaré rendido a tu belleza efímera de batalla que siempre ganas.
4.No perdurarás tú sino tu recuerdo a la hora de la evocación,  la melancolía de tu cuerpo en la madrugada, tu mirada certera de flechazo sobre la mía; se perderá el encanto de tu sonrisa, no así lo que fuiste: hacedora de milagros, quebrantadora de tiempos, condena inexorable que habrá por jodernos cuando entre los dos nada vuelva a ser igual.
5.Yo le apuesto a los aguijones de tus besos, a la mordedura de tus miradas, al veneno de tus manos, al elixir de tus piernas, a la ponzoña de tus redondos pezones, a la pócima del hermoso monte de tus nalgas, a morir y renacer entre tus brazos noche con noche, a sobrevivir con la poquita cicuta que tú tienes de más.
6.Vacío, pero lleno de ti reconozco a ese otro hombre que soy cuando estoy contigo, a ese terco insistente, a ese que consigo mismo pelea, a ese que enciende el amor con los aguijones de los alacranes, a ese que desfallece frente a tu mirada cada que decidimos que no soy el mejor hombre, que tras de todo solo tengo amor, polvo y tiempo… y nuestros cuerpos como enredaderas.
7.Días habrá para las tristezas en las alturas de tus caderas, para el desamor de pies fríos en la madrugada, para los abrazos que calcinan y congelan, para los besos sin sabor de los labios que se pudren, para lo que dejamos de ser a partir de lo que fuimos, para despedirnos por separado en la mañanas y echar a andar por un mundo que se cae a pedazos.
8.Viviré de los pocos recuerdos que me dejas cuando apareces como único milagro, y de la tristeza de tarde sin tarde que me da el que no consigas olvidar a ese otro hombre contra el cual combato entre pesadillas, contra el cual apuesto aun en mi contra, y el cual nunca seré.
9.Frente a ti llego con un amor de siglos en mis manos, con un fulgor duplicado entre tus piernas, castillos irreales de altas torres erigidos en tus labios, tibias fortalezas en el centro blando de tus pezones, larga cabellera de sueños y pesadillas enredadas, dulce voz que absuelve y condena, toda tú cuando intentas dormir a mi lado, cuando entrelazados los dos nos aventuramos al amor, cuando la certeza de estar vivo es verme reflejado en tu mirada, existes, eres real, me basta para ser un enamorado hombre que habita otro tiempo, otro lugar.
10.O montarme en tus piernas al vuelo cuando atraviesas sin decoro nuestros suspiros, ser pluma en las alas de tus labios cuando con cada beso me elevas, despedirme de ti al llegar la tarde, aguardar impaciente la noche para ser arquitecto de nuestros deseos perversos, victoriosos de nuestro amor frente a los mismos envidiosos de siempre.