Charlie Parker: el hombre que inventó un universo sonoro

POR Sebastián Chaves

La vida y la música de Charlie Parker siempre se caracterizaron por ir hasta el límite de las posibilidades. Por un lado, consumo de heroína, internaciones psiquiátricas, intentos de suicidio y la muerte de su hija de tres años; melodías imposibles, libertad e innovación por el otro

Hay músicos que inventan un sonido, otros que inventan un estilo, otros que inventan un lenguaje, otros que hacen todo al mismo tiempo y entonces cambian la historia de la música para siempre. A ese último grupo pertenece Charlie Parker, quien el 29 de agosto celebra 100 años de su nacimiento. Sin él ni su legado es imposible entender la historia del jazz. Hacia mediados de los años 40, y junto a Dizzy Gillespie, dio forma y contenido al bebop, un estilo de jazz que representó un punto de quiebre con una tradición (la del swing) para instaurar otra tradición (la de la música improvisada). Charlie Parker fue, es y será el gran héroe del jazz moderno.

Nacido el 28 de agosto de 1920 en Kansas, Charlie Parker comenzó a tocar el saxo a los 11 años y, ya en la secundaria, decidió abandonar el colegio para dedicarse a la música a tiempo completo. Desde entonces hasta su muerte en 1955, su devenir estuvo signado por los excesos, la genialidad y desequilibrios que repercutieron en su integridad física y mental. La vida y la música de Charlie Parker siempre se caracterizaron por ir hasta el límite de las posibilidades. Por un lado, consumo de heroína, internaciones psiquiátricas, intentos de suicidio y la muerte de su hija de tres años; melodías imposibles, libertad e innovación por el otro.

“Charlie Parker no inventó un lenguaje, se inventó un universo sonoro”, señala Adrián Iaies, pianista, compositor y director del Festival de Jazz de Buenos Aires. «El bebop es el nacimiento oficial de la música improvisada. Además, añade un factor clave como la intensidad y la velocidad en el ritmo, y otro más clave que es, a esa velocidad, desarrollar ideas en tiempo real”. Para explicar el procedimiento, Iaies se pone un poco más técnico: “Es algo así como llevar al mundo jazzístico algo que nació 400 años antes, que es la música de Bach, a quienes los bopers admiraban. Es la idea de que podes horizontalizar la armonía, algo que sucede en modo vertical, los acordes son notas que suenan a la misma vez. el bebop horizontaliza y la convierte en un elemento melódico. Por eso, aunque en algunas grabaciones de Parker el resto de los instrumentos queden atrás y se escuche sólo el saxo, entiendes toda la armonía”.

Esa complejidad sonora introducida por Charlie Parker hace que su música no sea de fácil acceso a primera escucha. “El jazz tiene esa condena de que es para gente que conoce del género y que, si no conoces, no puedes disfrutar”, añade Gustavo Musso, saxo alto de Escalandrum. “Y Charlie Parker un poco enarboló esa bandera, más allá de que en su época el jazz era una música popular y la gente se acercaba a escuchar sin demasiada resistencia. El lenguaje que él desarrolló era más entreverado, un swing muy rápido que no era bailable, era para escuchar”. Daniel Pipi Piazzolla complementa la idea de su compañero de grupo: “El jazz hasta esa época se utilizaba para bailar y a partir del bebop fue más para escuchar. La gente iba a los clubes a escucharlo. El bebop es un estilo que está vigente porque es un idioma atractivo para cualquier instrumentista en cualquier estilo que toque. Si manejas el estilo del bebop, vas a hacer solos hermosos”.

Entre la hermosura de la que habla Pipi Piazzolla y la aridez a la que refiere Iaies, se explica todo el espectro de la música de Charlie Parker. Baladas con cuerdas (el disco Charlie Parker With Strings) por un lado y melodías angulares a toda velocidad por otro (el arquetípico Ornitology). A la música de Bird –así se lo apodaba— también es posible acercarse desde el placer puro de la escucha. Al menos así lo propone Sebastián Loiácono, saxofonista que acaba de editar Happy Reunion, su primer disco como líder de formación. “No hay nada que entender”, indica. “No hay que comprender las armonías que tocaba ni saber que estaba revolucionando algo. Hay que sentarse a escuchar y darle la oportunidad. Está todo tocado con tanta musicalidad que es para disfrutar como cualquier música. Creo que esa es la manera, darle el tiempo de escucha y el resto lo hará Charlie Parker”.

La clave para entender esos extremos, tal vez quede explicitada en las palabras de Musso. “Charlie Parker mantiene una frescura y una vitalidad en su sonido que todavía sorprende”, expresa. “El enlace entre lo que practica y lo que suena se da natural. Concebía todo desde un solo lugar, su único centro eran la creatividad y la expresión musical. No se percibe en su fraseo ningún tipo de práctica aplicada al lenguaje porque él era el lenguaje en sí mismo”. Gracias a la naturalidad con la que improvisaba y sentaba las bases de un nuevo universo sonoro, cuyos avances siguen teniendo vigencia en el jazz actual, Bird se ganó la admiración de sus pares y las generaciones por venir.

Desde Miles Davis a Ornette Coleman, ambos con lecturas muy distantes del jazz, todos reconocían a Charlie Parker como héroe. “Creó devoción en sus contemporáneos, los que venían con él y la nueva generación que lo venía a escuchar”, explica Loiácono. “Los solos de Parker son un manual de improvisación”, agrega Iaies. “Hasta hoy se ve en músicos clave que han sido ejes en la historia del jazz. El principal es Ornette, cuando lo escuchas a él, que es free jazz, otro lenguaje, estás escuchando a Charlie Parker, así de contundente”. Pipi Piazzolla, en la misma sintonía, explica: “Fue un héroe y lo sigue siendo porque inventó un idioma, y necesitas conocer la forma de él por más que tengas otras búsquedas. El idioma de Charlie Parker se refleja hasta en un fraseo de batería. Fue realmente un antes y un después”.

Fallecido a los 34 años a causa de un combo de complicaciones que iban desde cirrosis hasta una neumonía, Charlie Parker dejó el mundo el mismo año en el que Miles Davis, uno de sus grandes admiradores, empezaba a establecerse como punta de lanza de las nuevas olas del jazz moderno. “Todos hablaban de que era buena persona más allá de sus adicciones, creo que también por eso es un héroe”, abunda Loiácono. Musso, por su parte, completa con un sincretismo que une persona y artista: “En la vida explosiva que tuvo, de tan pocos años, tomó la decisión de exponerse y de transgredir, más allá de cualquier tipo de represalia, con su color y su lenguaje. Inclusive exponerse a tocar una música que sus propios colegas no entendían, algunos admiraban y otros se asustaban de ver hacia donde iba a ir el jazz a partir de él”.

FOTO Portada Parker Jazz saxophonist Charlie Parker’s pioneering work explored in new book (The Vinyl Factory)

Tomado de:La Nación. Agosto 29, 2020.