Reflexiones desde el confinamiento

Doctor en Ciencias Sociales, con especialidad en Diálogo social por la Universidad de Deusto. Actualmente es director del Colegio de Filosofía y Letras. Universidad del Claustro de Sor Juana

Más allá de vivir en una “nueva normalidad”, que como muchos no soy partícipe, vivimos en un “estado de excepción” que ha dañado muchos espectros de nuestra sociedad y afectado a numerosas personas. Aparejado a ello, somos contemporáneos de un “asalto a la razón”, frase que acuñó el filósofo húngaro Georg Lukács. Este “asalto” es carente de responsabilidad y con ideas cada vez más bizarras. Ideologías que más que un ejercicio racional son apologías ingenuas que no sintonizan con la realidad. En síntesis: vivimos en un capítulo de algún libro de Stephen King.

El encierro es también cuidarse de la “ola anímica” que viene con el virus o con las noticias. Alejarse un poco, escuchar lo necesario para cuidarte y cuidar al otro. El obligado encierro ha producido una revolución en cómo organizas el tiempo y en cómo ingeniar la creatividad. Las reuniones virtuales, trabajar en la computadora y encontrar los espacios de mejor concentración son los retos que se viven diariamente. En mi caso muy personal, el dibujo, la lectura, la escritura, la compañía del gato y del perro y las conversaciones con los seres queridos son el cobijo obligado. Durante el confinamiento, mis lecturas han sido principalmente del género que más me apasiona: la ficción y el cuento fantástico. Así, las obras de Bernardo Esquinca, H.P. Lovecraft, Paulette Jonguitud, Henry James, Washington Irving, son el escape de la imaginación.

Por otro lado, la urgencia de impulsar el trabajo desde casa es mucho más absorbente y los minutos no alcanzan. En la Universidad del Claustro de Sor Juana, en el que soy director del Colegio de Filosofía y Letras, acoplar un modelo educativo ad hoc a las circunstancias ha sido un desafío, pero también un importante aprendizaje que conlleva mucha responsabilidad, velando por la seguridad y bienestar de la comunidad de estudiantes y docentes.

En “el tiempo laboral”, el contacto con mis compañeros, con los estudiantes y con profesores nos ha permitido tener una cercanía de apoyo y a la elaboración de proyectos.

Durante los meses del encierro, no hemos descansado y fortalecimos Celdas Literarias, revista digital de estudiantes de Escritura Creativa y Literatura y a través de ella entrevistamos a Elena Poniatowska, Elsa Cross, Alberto Chimal, Brenda Lozano, Alberto Ruy Sánchez, Bernardo Esquinca, quienes nos han contado sus versiones muy particulares de cómo han vivido este confinamiento. También preparamos las Jornadas Académicas. Lo que antes era presencial, ingeniamos un evento académico virtual y esta vez lo dedicaremos a la época de Isabel Tudor desde la visión literaria, artística, gastronómica, cultural y política. Este evento es organizado por estudiantes de Escritura Creativa, Gestión de la Cultura, Arte, Gastronomía y Producción de Espectáculos. Sólo el hecho de conectarnos, vernos, planear y saber cómo estamos, nos hace dirigirnos a propósitos que trascienden las cuatro paredes.

Este confinamiento me recuerda a la obra La montaña mágica de Thomas Mann. El forzoso encierro ejerce una gran presión sobre las nociones del tiempo y del espacio. Ahora, la vida es la misma, pero a la vez es otra. Como en ningún momento o en cualquier otro episodio, las horas y los minutos toman vuelo; se inmiscuyen en las entrañas de quien lo vive y lo siente, con lenta y segura intensidad ante nuestros propios ojos y las de otros. Este encierro puede tener muchos vuelcos personales. Lo cambiamos o lo inventamos: para conservarnos en vida, refrescar nuestra idea del tiempo, para fortalecernos; para renovar progresivamente nuestra experiencia del tiempo, del espacio y nuestro sentimiento de la vida. Sigamos cuidándonos.