¿Qué cambió con la pandemia?

Amante de la lucha libre, de las historias de asesinos seriales, del futbol americano, Pepe Návar es un periodista y difusor incansable. Además de las redacciones en las que ha trabajado, no hay espacio en periódicos, revistas, canales de Tv o portales de internet, que este promotor cultural y de espectáculos no conozca

POR José Xavier Návar

En mi caso, acostumbrado a trabajar en casa, poco o casi nada; De hecho, salgo poco, a lo más básico como comprar comida y hacer alguna caminata donde haya poca gente, para no atrofiar los músculos. Sin embargo, para combatir el “factor aburrición” tengo muchos libros, una inimaginable lista de vinilos, cedes, DVDs y Blu-rays.

Las fascinantes visitas a Spotify y YouTube completan el cuadro de supervivencia cultural en esta nueva anormalidad y, si no pasa otra cosa, la NFL está por comenzar. Los proyectos de sacar nuevos libros como El indómito mexicano: el cine bizarro en México, prologado por Guillermo del Toro y textos introductorios de Leonardo García Tsao y Diego Manrique, siguen, pero para el año entrante.

El tiempo que comenzó como cuarentena antes de volverse reclusión ha servido para el desprendimiento de más de 20 años de vivir en el ámbito cultural, disqueras y compañías de cine. A chingar a su madre se han ido más de tres mil DVDs que ya no volvería a ver. Lo mismo aplica para libros, discos compactos y cantidades alarmantes de VHS, que se han ido directamente a la basura.

El ya los tuve, los disfruté y es hora de que ya se vayan, aplica directamente a que mi casa se vea como casa y no como búnker o bodega cultural. La cantidad de revistas de rock y cine (Conecta, Melodía, Nuestro Rock, La Mosca, Lengua, Rolling Stone, Swicht, Rock’n’roll Subterráneo, Sonido, Jeans, Rock and Pop…) que se han llevado algunos amigos y el camión de la basura, es alucinante.

Pero lo mejor, no hay remordimiento. ¿Para qué guardar un montón de cosas de hace años que ya no tienen ningún valor, ni siquiera nostálgico? Las carpetas con recortes de periódicos antes de Internet, y después de él, han corrido, por fortuna, la misma suerte.

Ahora que veo a algunos de mis amigos presumir sus repertorios de LPs, o viniles de colección que valen fortunas tenerlos en original o ediciones de todas partes de mundo, ¡por triplicado! me dan risa. Mis LPs, los valiosos, americanos y europeos, me han dado mucho más dinero que cuando los compre.

Sin embargo, guardo algunos por si la cosa se pone ruda, porque son como un salvoconducto en contante y sonante. Además, la mayoría está en Spotify, de modo que con un buen equipo (tengo uno con bocinas THX) suenan como Dios. Por otro lado, mi colección de cine freak, que ya quisiera tener Netflix, se compone de rarezas y excentricidades a las cuales todavía y por fortuna me debo.

Pocas, pero escogidas revistas y comics como los Dick Tracy de los años cuarenta y cincuenta; algunos Robert Crumb o Gilbert Shelton’s, lo mismo que documentales selectos con personajes de la talla del Ice Man, Richard Kuklinsky, Henry Lee Lucas, Ted Bundy, Dahmer, Gacy y freaks de su rodada, me siguen fascinando.

Además, el circo, maroma, teatro y bufonería selecta (los voy a acusar con su mamá, aquí tengo mis estampitas protectoras y vaciladoras contra el Covid-19, No tenemos asaltos…) que nos da nuestro ocurrente, dicharachero, rencoroso, payaso, torpe y siempre mal informado presidente, es gratis, como su fobia por el periodismo escrito, del que siempre tiene otros datos, como que Michael Corleone se fue a estudiar al extranjero.

Hay que ser breve y no abusar. ¿Qué más puedo decir, que no hayan dicho otros ya?