Microbiología de la inmovilidad o la Covid en tiempos del odio

María Dolores Bolívar es periodista independiente, transfronteriza, escritora, lexicógrafa, traductora y profesora de interpretación y español para el campo profesional de las leyes, la educación y la salud. Es doctora en Literatura y Estudios Culturales por la Universidad de California, San Diego. Ha colaborado en diversos medios y revistas digitales como Texto Crítico, Casa de las Américas, Olas Civiles, Peregrinos y sus letras, Opera Mundi, y La Opinión, entre otros

POR María Dolores Bolívar

¿Tregua consumista o guerra de papel higiénico? Me gustaría ver la cara de Jean Baudrillard ante esta encerrona global. ¿Era George Orwell? ¡Nos ganó la ficción! ¿Recuerdan la manía de Aureliano Buendía de que nadie se le acercara? En mi estudio de yoga impusieron 18 pulgadas entre tapetes. Radio a brazos abiertos aparte, no queda sino encender la creatividad luego de la cafetera, pues esto va para largo.

Cada mañana se repite el fondo bucólico de los personajes del realismo rural de Grant Wood, en Gótico americano. Sólo que estos humanos, petrificados, damos paso a la parvada de gaviotas aposentada en la azotea; escandaliza, para asentar que hay vida más allá de la puerta. Si salimos, planea sobre nuestras cabezas, vigilante de nuestra especie.

¿En dónde extraviamos la normalidad? ¿Nos detuvimos aquel 9 de marzo, con Las brujas del mar, luego de la marcha que fue del Zócalo hasta Sídney? Idos del sol. Se nos quedó la consigna –nadie se mueve— ¿presagiando? esta pausa indefinida. Ya a punto de llegar a la segunda centena, cabe preguntar si este machismo redivivo no repetirá las estatuas de sal de Sidón, castigadas de ver; o las ruinas de Pompeya, en placidez hedónica; o la orden de Josué de detener el sol y la luna y ganarle así, con tan sólo el favor/fervor de dios, a los gabaonitas.

Hoy, no extrañaría a Sor Juana, la repulsión por las mujeres se replica en todo. “Nasty” “horrible”, “awful”, llamó a Kamala Harris el bully presidencial. Harris acepta la nominación a la vicepresidencia (que importa que sea el segundo puesto), aplaudo. La respuesta exterior –sonoras carcajadas—. Vuelvo a aplaudir, me pongo de pie y aplaudo hasta que los dedos comienzan a dolerme. Aislados, rara vez nos comunicamos… el odio partisano se siente en puntos neurálgicos, opera de aislante entre las ventanas.

¿Qué ha pasado en el mundo mientras no mirábamos? Oficinas tapiadas de plexiglass, el correo lerdo, un mundo desvalido se resguarda, atenido a que lleguen medicinas, hisopos y barbijos de China. Pues si decimos “virus de China” –a la Trump—, tendríamos que decir hisopos, barbijos, medicinas, ventiladores, de China.

Así, detenidos en un paisaje que no avanza vemos acechar ya la cadena de otros virus, endógenos éstos –odio, violencia, xenofobia, indiferencia, supremacismo, misoginia, fanatismo, selfitis. Las precisiones por Covid dejan de ser vertiginosas -nueve estados, “cerrados”, al igual que las aulas y planteles— y ya perdí la cuenta del número de pasos que horadan la rutina del confinamiento, donde los muertos dejaron de ser estadísticas para tomar el nombre y el rostro de algún amigo o familiar. (Continuará.)