Hasta que la cultura nos alcance


POR Teófilo Huerta
La capacidad de María Cristina y su propia personalidad hacen suponer un natural refrescamiento en el tema y alentar una amplia disposición al diálogo y a la apertura con los distintos actores de la vida cultural mexicana
(elcirculorojo.com.mx)
El tema de la cultura oficial es un tanto espinoso.
De partida no debería existir un nombre así, pues la cultura es cultura y punto; sin embargo, ciertamente se le utiliza para referirse al papel que un gobierno realiza en este campo y en el que generalmente mezcla el aliento y la difusión de las artes con la política que asume en relación a las mismas y al apoyo parcial a disciplinas con las que simpatiza.

Y en general en todas las sociedades también hay un distingo entre la cultura refinada y la popular, así como un esfuerzo por la “democratización de la cultura”.
Sea como sea, y a pesar de los nobles esfuerzos de comunidades y asociaciones civiles por promover sus auténticas manifestaciones culturales, ciertamente la imagen cultural de un país está determinada en gran medida por la política cultural que emana del gobierno y por lo tanto del poder. El caso de México no es la excepción, con el añadido de que dicha política puede tener sus variantes o matices de acuerdo con los vaivenes administrativos.
Tras de un sexenio (segundo panista) con altibajos en este terreno, que arrancó con una autoridad cuestionada por sus gastos personales y que termina con una parafernalia de obras, se avecina el cambio y justo como responsable de la transición en el tema de la cultura (además desdeñado en campaña) ha sido nombrada una mujer con notable trayectoria en la administración del propio Consejo Nacional para la Cultura y las Artes: María Cristina García Cepeda.
Por lo mismo hay visos tanto de continuidad como de reminiscencias del pasado tovarista, pues la señora García Cepeda fue brazo derecho del anterior presidente del Consejo. No obstante, la capacidad de María Cristina y su propia personalidad hacen suponer un natural refrescamiento en el tema y alentar una amplia disposición al diálogo y a la apertura con los distintos actores de la vida cultural mexicana.
Sin jactarme de haber tratado a la señora García Cepeda, pues a lo mucho era el encargado de recabar su firma en las reuniones del Consejo de Administración de Radio Educación a finales de los años 90 y en el año 2000, fui testigo de su don de liderazgo, dominio de su entorno y enorme educación.
Los vientos parecen favorables, claro, en el marco de esta al fin y al cabo cultura oficial.