Tarzán: los 100 años del noble Greystoke



POR José Luis Durán King
El 1 de octubre de 1912, la revista All Story Weekly publicó por vez primera Tarzan of the Apes, historia que se convirtió en un éxito y empedró el camino a Edgar Rice Burroughs a ser el autor estadounidense más leído de la primera mitad del siglo XX
Edgar Rice Burroughs (moonmentum.com)
Hasta los 36 años, Edgar Rice Burroughs era, a los ojos de sus familiares y conocidos, un fracasado. En su etapa escolar, nunca sobresalió; de hecho, en varias ocasiones lo expulsaron por perezoso. Como adulto, además de que dos de sus matrimonios se vinieron abajo, fue un factótum, la hizo de todo, desde vaquero (en un rancho de su hermano) hasta vendedor de sacapuntas de tienda en tienda. Para 1911 trabajaba en una papelería –también de su hermano— en Chicago, ciudad en la que había nacido. De los pocos pros de ese empleo detrás del estante resaltaban los lapsos que había entre cliente y cliente, por lo que este hombre que ya se aproximaba a su madurez biológica, los aprovechó, aunque de momento sólo fuera para matar el tiempo.

Sobre la vitrina, en un cuaderno, comenzó a narrar una historia que se desarrollaba lejos de la Tierra, en un lugar llamado Barsoom, que en realidad era Marte. A Princess of Mars [Una princesa de Marte], como Rice Burroughs tituló su novela, tuvo como protagonista a John Carter, un veterano de la Guerra Civil estadounidense, que al buscar oro en una cueva en el desierto de Arizona, lo que encuentra es una máquina que lo transporta al planeta rojo. Los efectos de la gravedad obran a favor del ex combatiente, quien es capaz de brincar grandes distancias sin romperse siquiera una uña al caer en el suelo. Sobra decir que esas maravillosas facultades convertirán a Carter en un héroe, al inclinar la balanza a favor de la mencionada princesa, quien entre otros peligros enfrentaba el de casarse con el jefe de la tribu que oprimía al pueblo de Barsoom.
Por supuesto, el Marte que presenta Rice Burroughs va de acuerdo con la imagen popular de la época: rojo hasta en su atmósfera, árido, habitado por manadas de monstruos, marcianos más bien reptiloides, pero eso sí, con dos tribus en pugna con características humanas, a la que pertenece la hermosa princesa. No faltan en la épica de Carter las batallas, las naves de alta tecnología ni las persecuciones.
Pese a todos los lugares comunes embutidos en A Princess of Mars (o quizá por lo mismo), el autor la envío a los editores de varias revistas Pulp, hasta que finalmente uno de ellos se interesó para publicarla en partes en la revista All Story Weekly, donde en julio de 1912 apareció firmada por Norman Bean, pseudónimo de Edgar Rice Burroughs, el cual recibió a cambio 400 dólares. Como libro, se publicó en 1917.
La cantidad obtenida por su primer trabajo no desalentó al escritor. Todo lo contrario: A Princess of Mars fue la primera de las 11 novelas protagonizadas por John Carter, escritas por Rice Burroughs entre 1912 y 1948. La “Serie marciana”, como se conoce al corpus de aventuras de Carter, fue exitosa, aunque no tanto como para garantizarle a su autor una muerte en la cama, el 19 de marzo de 1950, mientras leía reposadamente la sección dominical de tiras cómicas de su periódico favorito. Para entonces, Rice Burroughs tenía 74 años, habitaba una mansión en Encino, California, y los años de penurias y el fracaso hacían mucho tiempo que no eran sino recuerdos.
(boughtbooks.blogspot.com)
Pero si el dinero recibido por A Princess of Mars no hizo mella en el ánimo de Rice Burroughs, al parecer tampoco le enfadó buscar al mismo editor del magazine All Story Weekly, quien aceptó una nueva obra al todavía dependiente de papelería. El 1 de octubre de 1912 (en formato de libro, en 1914) apareció en la revista mencionada Tarzan of the Apes(Tarzán de los monos), historia que se convirtió en un éxito rotundo y empedró el camino que condujo a Edgar Rice Burroughs a ser el autor estadounidense más leído de la primera mitad del siglo XX, lo que se tradujo en una bonanza económica nunca imaginada por el escritor.
De acuerdo con John Taliaferro, quien escribió el libro Tarzan Forever: The Life of Edgar Rice Burroughs, Creator of Tarzan, Burroughs vendió entre 30 millones y 60 millones de sus libros a partir de que decidió ser escritor. ¿Cómo le hizo? En realidad no hay algún secreto detrás de su sorprendente productividad, sino disciplina. Rice Burroughs era capaz de escribir cerca de 400 mil palabras al año, una cifra incluso considerable con la tecnología actual. Entre broma y serio, el autor decía: “Si escribes sólo una historia, ésta puede ser mala. Pero si escribes un centenar, los pronósticos estarán a tu favor”.
Sin embargo, en el pecado de la abundancia el escritor llevó su penitencia: gran parte de sus obras es predecible, llena de paja, redundante, lo que explica que, para frustración del creador de Tarzán, sus libros no fueran colocados en el anaquel de los grandes literatos del momento. Aun hoy, cuando parte de la obra de Rice Burroughs es considerada uno de los tesoros de la literatura universal, es frecuente hallar sus libros en el apartado de ciencia ficción. Pero también gran parte de la culpa de que los libros del autor de Tarzán no hayan logrado alcanzar un reconocimiento de la crítica literaria especializada la tiene el propio Burroughs.
Por principio de cuentas, Tarzan of the Apesno es la primera historia que aborda la supervivencia de un niño feral en la selva. Primero estuvo, por ejemplo, The Jungle Book [El libro de la selva] de Rudyard Kipling, escrito en 1894. Esta recopilación de cuentos, publicada en diferentes magazines entre 1893 y 1894 habla de la historia de un niño que es abandonado en la jungla india por sus padres, quienes huyen de un tigre. Una pareja de lobos aparece y salva al menor de ser devorado por el felino. Por si faltara alguna reminiscencia con la leyenda de la loba romana que crío a Rómulo y Remo, los lobos de Kipling también deciden quedarse con el infante, al que bautizan con el nombre “Mowgli”, incorporándolo sin problemas a la manada.
En el caso de Tarzán, éste no es hijo de un matrimonio que huye de un tigre. No, es producto del amor de Lord y Lady Greystoke, quienes viajan en barco a investigar las condiciones en que se encuentra la colonia británica de la costa occidental de ese continente. Sólo que, antes de llegar a su destino, la tripulación se amotina, pasa por cuchillo a los oficiales y abandona al matrimonio en un playa, no sin antes arrojarles algunas de sus pertenencias al agua. Lady Greystoke está embarazada, y poco después de dar a luz, muere a causa de una fiebre. El hombre se queda a cargo de su hijo, pero su paternidad será interrumpida un año después, cuando lo mata el líder de una familia de simios. El infante es salvado y adoptado por Kala, una simio, quien nombra al niño “Tarzán”, es decir, “piel blanca”.
Rice Burroughs con Maureen O’Sullivan y Johnny Wiessmuller (hojasdeafeitarargentinas.blogspot.com)
La historia se desarrolla en los límites de lo creíble, hasta que Burroughs decidió aportar un granito de arena que arroja la trama a terrenos ideológicos, por decir lo menos, improbables. En su estancia con los simios, Tarzán apenas si se percata de su superioridad intelectual. En su adolescencia, sin embargo, encuentra la cabaña que su padre construyó, y entre las pertenencias halla una serie de libros a través de los cuales aprenderá a leer y a escribir… él solito.
A partir de ese momento se abre un océano entre el humano y las bestias, que se incrementa cuando Tarzán mata a un gorila con un cuchillo que el joven también encontró en la cabaña de sus padres. Jeff Berglund, en su ensayo crítico de enorme título, “Write, right, white, rite: literacy, imperialism, race, and cannibalism in Edgar Rice Burroughs’ Tarzan of the Apes” (Studies in American Fiction. Marzo 22, 1999), señala que no es accidental que el cuchillo y los libros en inglés aparezcan juntos. “El arma, un signo de civilización, cambia de manera eficiente el equilibrio de las jerarquías de la selva. Pero por mucho que a Burroughs le preocupe el aprendizaje en armamento de Tarzán –lanzas, sogas, arco y flecha— parece más interesado en armar a su personaje con la alfabetización: lectura, escritura, primero aprendiendo francés y después inglés”.
Y añade: “Burroughs ruega a sus lectores que vean la alegoría en el acto de lectura de Tarzán: el ser primitivo que anhela el conocimiento. El autor recuerda a sus lectores que esta escena tiene lugar en la cabaña construida por el padre del niño. En esencia, Tarzán es expuesto al canon –la casa de la literatura— del aprendizaje occidental. (…) Este momento epifánico implica que alguien de la estirpe superior de Tarzán puede evadir cualquier obstáculo, incluso el del analfabetismo y la ausencia de profesores.”
Las diferencias entre Tarzán y su familia adoptiva, de por sí marcadas con la aparición de los libros y el cuchillo, crecen cuando el hombre de la selva ve desde un árbol parte de una tribu natural de África. Rice Burroughs retrata al grupo casi como solía hacerlo Walt Disney: negros, salvajes, desnudos y con anillo en la nariz. Son los nativos, supersticiosos, que gustan del canibalismo. Todo lo contrario a la expedición que arriba a investigar qué sucedió con los Greystoke. Sus integrantes no sólo son blancos, limpios y educados; son, por sobre todas las cosas, nobles: Cecil Clayton, el actual Lord Greystoke, acompañado por un grupo de estadounidenses, entre quienes destaca Jane Porter; el padre de ésta, Archimedes Q. Porter, un secretario y asistente de Archimedes, y la sirvienta de Jane, Esmeralda, una africana ya hecha a la cultura estadounidense, que a la vez funge como intérprete, aunque no deja de tener una mentalidad tribal, mágica, siempre abriendo los ojos al menor ruido en la selva. Ella es la negra buena, ya civilizada, domesticada al estilo de La cabaña del tío Tom, la novela de Harriet Beecher Stowe, publicada en 1852, que enseña al lector cómo el amor y la fe están por arriba de la maldad, humana, incluso de la esclavitud de los afroamericanos.
Las letras del Imperio
(tarzan.260mb.com)
Quizá por ser un proscrito ante su propia comunidad, en general los personajes de las historias Rice Burroughs son hombres educados que enfrentan ambientes y circunstancias hostiles. Así, Tarzán es creado por los simios en lo profundo de la jungla, mientras que John Carter es transportado a Marte, además de que siempre está implícito el aroma del amor, una oferta irresistible para la industria del cine, que en 1918 decidió llevar a la pantalla Tarzan of the Apes, convirtiéndose en la primera película en recaudar 1 millón de dólares. Para los años 30 del siglo pasado, la franquicia Tarzán tuvo su mejor momento, al contratar a Johnny Weismuller, ex medallista de oro olímpico, en el papel principal. La tarzamanía no se hizo esperar y para los niños y adolescentes de ese entonces el hombre mono fue uno de sus superhéroes. Una mirada a los coleccionables vintage da fe de tazas, flechas, trajes de baño, máscaras e incluso mapas de la jungla, todo a propósito del rey de la selva.
Una vez que Edgar Rice Burroughs aceptó que no sería un hombre de letras sino un escritor de aventuras, explotó al máximo sus cualidades. Así, del personaje de John Carter, la “serie marciana”, el autor estadounidense publicó 11 novelas, mientras que de Tarzán fueron 26. Hasta dónde podían aguantar estos personajes antes de caer en lo inverosímil a ultranza. No mucho. Por eso en algunas historias Tarzán enfrenta a un grupo de gorilas genéticamente manipulados por un científico loco para que los simios reemplacen la corte de Henry VIII. Asimismo acabará con tribus caníbales e incluso desafiará a desalmados bolcheviques y nazis. Con todo, las historias de Tarzán fueron traducidas a 17 idiomas, sin dejar del lado el islandés y el arábigo.
Cartel de la película El mundo perdido(1925), basada en la novela escrita por Arthur Conan Doyle (supra-quintessence.com)
Tarzan of the Apesapareció en la historia de la literatura de aventuras en 1912, el mismo año en que Arthur Conan Doyle dio a conocer The Lost World [El mundo perdido]. La épica de Doyle no se desarrolla en alguna de las colonias británicas sino en Sur América, y narra la guerra entre nativos americanos y una tribu de criaturas simiescas.
Lo destacable en ambas obras es su ubicación histórica, cuando el sol se ponía en el horizonte de los imperios colonialistas del mundo: los Hohenzollern de Alemania, los Augsburgo del imperio austro-húngaro, y los otrora poderosos otomanos, que impusieron su ley en Turquía y anexas. Rice Burroughs y Conan Doyle inauguran la literatura de aventuras del imperio cuando éste se evaporizaba. Mientras que Rudyard Kipling con sus cuentos sobre la jungla había ensalzado las bondades de los invasores, los autores de Tarzan of the Apes y The Lost World popularizaron una serie de peripecias que, al momento de ser publicadas, ya olían a nostalgia, nostalgia, precisamente, por ese mundo perdido.
Tarzan of the Apes–que mereció elogios del poeta del imperio, Rudyard Kipling— fue escrita por un estadounidense durante los estertores del imperialismo británico y en plena construcción del poder de la Unión Americana, que buscó en una primera instancia ampliar sus dominios anexando Filipinas y Cuba a su territorio. En la base de esa acción estuvo la doctrina del Destino Manifiesto y el idealismo de Jefferson, es decir, la suma de ideas preconcebidas acerca de la evolución de los pueblos y con un profundo y monolítico ensamblaje racista. De acuerdo con la doctrina del Destino Manifiesto, un mexicano puede ser el hombre más rico de Estados Unidos, pero antes de ser el hombre más rico de Estados Unidos, ese hombre es un mexicano, un ciudadano que nunca será llamado a grandes empresas sólo por no ser puramente estadounidense.
El proceso civilizatorio del hombre blanco, que incluso organiza expediciones transoceánicas para cumplir su cometido en terrenos de tribus primitivas y salvajes, mereció un poema de Kipling llamado The White Man’s Burden [La carga del hombre blanco]. El bardo describe ese proceso casi en términos de cruzada, enalteciendo a los soldados blancos que pelean y mueren en pos de un gran objetivo: expandir la moral y las costumbres de occidente.
No es de extrañar que la otra cara de la moneda, la némesis del proceso de civilización, sea el canibalismo, siempre presente en las aventuras de Tarzán. Para la académica canadiense Maggie Kilgour, autora del libro From Communion to Cannibalism: An Anatomy of Metaphors of Incorporation, “la imagen de canibalismo es frecuentemente relacionada con el fracaso de comunicarse por medio de las palabras, lo que sugiere que las personas que no pueden hablar entre sí se muerden unas a otras”. Así, al momento en que Tarzán encuentra los libros en la cabaña de su padre, pero sobre todo cuando aprende a leer y a escribir, el canibalismo –y, por ende— el destino salvaje y primitivo que pudiera enfrentar, se desvanece.
Un filón de oro (darkhorse.com)
La literatura de Tarzán ya es de dominio público en Estados Unidos, los herederos de Rice Burroughs perdieron los derechos al caducar esa figura jurídica, aunque la familia los mantiene en Europa. De cualquier forma, Tarzán sigue representando un filón de oro, pues sus obras no dejan de venderse 100 años después de su nacimiento.
El 15 de julio pasado, la editorial Open Road Integrated Media anunció que las aventuras de Tarzán volverán editarse con motivo del centenario del nacimiento del personaje, sólo que ahora a la impresión en papel se añadirá el formato digital. El novelista gráfico Andy Briggs, quien también ha escrito guiones para cine, estará al frente del proyecto, que abarca dos cómics: “The Greystoke Legacy” y “Tarzan: The Jungle Warrior”.
A un siglo de ser adoptado por una manada de simios, el grito primitivo, feral, del noble Greystoke, aún resuena en la profundidad de la arquitectura de viejos y nuevos imperios.