Clifford Olson: el mercader de la muerte


POR José Luis Duran King
Una vez que aceptó los 11 asesinatos que la autoridad le imputaba, Olson decidió sacar provecho de su nueva situación y pidió 10 mil dólares por decir la ubicación en la que estaba enterrado cada uno de los 10 cadáveres que faltaban por rescatar
(bourque.com)
Canadá goza de una reputación internacional por su calidad de vida, lo que no ha sido impedimento para que varias de sus ciudades y algunos suburbios hayan sufrido los azotes del asesinato serial. De noviembre de 1980 a agosto de 1981, el homicida pluralista Clifford Olson atacó de una manera tan brutal que sus crímenes continúan sepultados profundamente en la memoria colectiva de aquel país.
Olson es considerado por los psiquiatras forenses que atendieron su caso un individuo narcisista, antisocial, psicópata y pedófilo que nunca sintió remordimiento por los 11 asesinatos que cometió, en su mayoría menores de 18 años. La ausencia de sentimiento de culpabilidad, el hombre la enfatizó cuando rechazó participar en cualquier programa de rehabilitación al interior de la prisión.

Aun así, en 1997, 16 años después de haber sido detenido para ser condenado a 11 cadenas perpetuas, Olson, en lo que muchos consideraron un alarde de cinismo, acudió a su primera audiencia para solicitar la libertad bajo palabra, pese a que no habían transcurrido los 25 años de encierro que pidió el juez como requisito para apelar a esa garantía.
Por supuesto, la petición fue negada. En 2006, Olson apeló una vez más ese derecho y nuevamente sufrió un revés. El 30 de noviembre de 2010, el convicto, con 70 años a cuestas, acudió a la audiencia en Quebec acompañado por sus abogados. En esa ocasión había muchas posibilidades de que su petición fuera cumplida. Familiares de las víctimas atiborraron la sala. Algunos viajaron de lugares distantes –como Columbia Británica— para hacer presión e impedir que el hombre alcanzara su libertad. Una vez más, el buró encargado de revisar, dar seguimiento y otorgar la orden de liberación negó la solicitud de Clifford Olson, uno de los asesinos seriales prominentes de Canadá.
Olson, de quien las autoridades psiquiátricas alguna vez opinaron que tiene la madurez e inteligencia de un niño, salió devastado de su cita judicial y declaró que hasta ahí llegaban sus intentos. “Éste es el final, nunca más la volveré a pedir”, señaló.
Violencia pura
(torontosun.com)
Han transcurrido 31 años desde que Clifford Olson fue detenido mientras discutía con dos chicas a las que había dado aventón. Una de ellas alegaba que el hombre había disuelto en su cerveza una pastilla para dormir. Los tres manoteaban al lado de la carretera. Olson no lo sabía, pero era vigilado de cerca, incluso con helicóptero, pues era el sospechoso principal de una serie de homicidios ocurrida en Lower Mainland, Columbia Británica. Al ser revisado por unos patrulleros, uno de ellos encontró entre el revoltijo de la cajuela del auto la agenda de Judy Kozma, una adolescente de 15 años, asesinada en julio de 1981. Esa prueba fue suficiente para detener y retener a Olson como presunto asesino de Judy.
Durante la etapa de interrogatorios, los agentes se enteraron que el sospechoso había sido detenido casi 90 ocasiones, una vida criminal en la que cada nuevo episodio superaba en violencia al anterior, hasta llegar a la violación, el homicidio y la inhumación clandestina.
Una vez descubierta su participación en los crímenes que se le imputaban, Olson confesó y describió con lujo de detalle cada uno de los 11 asesinatos, recordando que el primero de ellos fue el de Christine Weller, de 12 años, cuyo cadáver mutilado fue rescatado por la policía en una zona boscosa. Sin embargo, el caso que casi provoca un estallido social fue la desaparición, el 2 de julio de 1981, de Simon Partington, de nueve años.
Una vez que había aceptado los 11 asesinatos que la autoridad le imputaba, Olson decidió sacar provecho de su nueva situación y pidió 10 mil dólares por decir la ubicación en la que estaba enterrado cada uno de los 10 cadáveres que faltaban por rescatar. Aunque la policía rechazó la propuesta, un abogado de distrito aceptó, creando un fideicomiso que beneficiaría a la esposa e hijo del asesino. El acuerdo significó cerca de 100 mil dólares para la familia de Olson. Aunque los deudos de las víctimas no pudieron hacer nada en ese momento, esperaron casi 30 años para cobrarse la afrenta e impedir que el anciano Olson abandonara la prisión.
La reticencia de las autoridades a que Olson quedara libre no tuvo que ver con un sentido vindicativo sino con algo más real: creen que si Olson queda libre volverá a matar, su violencia no ha menguado con los años.