La concubina que gobernó un imperio

POR José Luis Durán King

En una etapa convulsionada por las intrigas palaciegas y los asesinatos por la sucesión del poder en China, Wu Hou, la concubina del palacio T´ang llegó a ser emperatriz e imponer de forma draconiana el orden y la estabilidad

Hay regiones del mundo cuyo suelo es pródigo en historias venerables. China es una de ellas. En su suelo mágico, el universo es un símbolo colosal posible, incapaz sin embargo de ser descrito por un alfabeto que por vasto resulta insuficiente. Todo en China es un acertijo en espera de ser resuelto, desde las galletas de la suerte y los misterios de la Ciudad Prohibida hasta el aliento sulfuroso del dragón, pasando por supuesto por los tormentos físicos y las matanzas tipo Tiananmen, sólo concebibles por mentes con resabios de mandarinato.
En ese suelo abonado por el tiempo, lo real maravilloso es un capullo que crece en tallos de flor de loto. Flores de loto también se denominaba a las concubinas de los emperadores y, entre ellas, la más sobresaliente fue indudablemente Wu Hou (625 a.C.-16 de diciembre de 705 d.C), una mujer que posee el extraño privilegio de haber sido primero concubina antes de convertirse en emperatriz.
La protagonista de esta historia empezó su carrera en el palacio de T´ang como concubina de emperador T´ai-tsung, a la edad de 13 años. Por aquellos tiempos, la dinastía T´ang había reunificado China gracias a los esfuerzos del emperador. Poco se sabe de la vida como concubina de Wu Hou, aunque se dice que a la muerte de T´ai-tsung en 649, la mujer fue relegada a un convento budista –tal y como lo disponía la tradición—, lugar en el que fue visitada por el heredero del emperador, Kao-tsung, quien la llevó de vuelta al palacio y la adoptó como su concubina favorita.
Ser la amante predilecta de la máxima autoridad tenía sus ventajas, mismas que fueron aprovechadas a la perfección por Wu Hou, quien de inmediato puso manos a la obra para construirse su futuro, eliminando a primero sus rivales al interior del palacio y después a la esposa del emperador, obteniendo así, por lo menos de manera virtual, el papel de emperatriz, cargo que reforzó al convertirse en madre de cuatro hijos y una hija producto de los amores con T´ai-tsung.
Pero ahí no terminaron las argucias palaciegas de la ex concubina. Utilizó su peso político específico para debilitar las influencias de los viejos estadistas que habían servido a T´ai-tsung y que hasta antes de la aparición en escena de Wu tuvieron una gran influencia en las decisiones gubernamentales. Por supuesto, las intrigas puestas en práctica por la mujer tenían un pasado.
Sin sangre real
Los viejos estadistas no veían con buenos ojos el hecho de que una concubina alcanzara el rango de emperatriz, no tanto por el hecho de que Wu hubiera sido concubina sino porque no provenía de una familia aristocrática. Además, también objetaban la naturaleza de la relación entre la mujer y el emperador Kao-tsung, ya que Wu había pertenecido al lote de amantes de T´ai-tsung y con sus actos el heredero estaba cometiendo incesto. Pese a todo, la nueva emperatriz triunfó sobre sus opositores, a quienes exilió y, ya lejos, muchos de ellos fueron sospechosamente ejecutados. Incluso el tío del emperador, cabeza de la familia Chang-sun y por lo tanto descendiente imperial, fue asesinado y su progenie enviada al exilio y a la ruina.
Sin paja en el camino, la nueva emperatriz ejerció un poder supremo en nombre de un emperador que a menudo, por enfermedad, se ausentaba de sus tareas. Kao-tsung, que aparte de todo era muy débil de carácter, finalmente se desentendió de todo lo que tuviera que ver con decisiones políticas y dejó en manos de Wu Hou el imperio, por lo que ésta durante 23 años gobernó China.
La titiritera
Pese a sus conspiraciones iniciales, Wu Hou gobernó el imperio del dragón con gran eficiencia, rodeándose de hombres capaces y leales y encarando los desafíos que se le presentaron como emperatriz. Su gran habilidad como administradora, su coraje, carácter dominante y presteza para enfrentarse con sus oponentes hicieron de ella la personificación maquiavélica que reza: “No importa que me odien mientras me tengan miedo”.
En los años de 655 a 675, el imperio T´ang decidió conquistar Corea, campaña que fue realizada por líderes militares elegidos personalmente por la emperatriz Wu. Cuando el emperador T´ai-tsung falleció en 683 fue sucedido por su hijo Chung-tsung, quien, al igual que su padre, era débil e incompetente. No obstante, la esposa del nuevo jerarca quedó en una posición política que hacía sombra a Wu Hou. Un mes duró en el trono Chung-tsung, quien fue enviado al exilio y sustituido por el segundo hijo de Wu: Jui-tsung, cuya autoridad fue meramente nominal.
Después de una revuelta organizada por fuerzas leales a la dinastía T´ang, Wu Hou decidió que era tiempo de retirarse, lo cual cumplió durante un sexenio, ya que en 690, a los 65 años, usurpó el trono de su propio hijo, un mandato nuevo que se prolongó por 15 años. Pero los años no perdonan y la emperatriz se enfrentó al problema de su sucesión.
Como por fin se había convencido de que de sus cuatro hijos no se hacía uno insinuó que los sucesores serían los hermanos Chang, hombres leales a Wu Hou que, no obstante, tenían una gran debilidad por los placeres y el entretenimiento. Tal decisión causó un gran descontento al interior de la familia de la emperatriz. En febrero de 705, el emperador depuesto Chung-tsung planeó con ministros y generales una conspiración que culminó con la ejecución de los hermanos Chang.
Enferma, vieja y sin fuerzas, la emperatriz concubina fue arrumbada en las habitaciones del palacio, donde falleció en diciembre de 690.