Las ventanas de Amsterdam

POR Mario Villanueva S.

 Desde 1911, el sexoservicio en los Países Bajos es legal. Y a la sombra de la oferta y la demanda, la imaginación lúbrica también forma parte del mercado del placer. Ejemplo de lo anterior son las “ventanas”, donde las prostitutas muestran sus encantos para seducir a los feligreses de la carne

 

Tan primitivo como el instinto sexual, el sentido de la trasgresión está en la naturaleza humana. Tal vez por eso la prostitución ha sobrevivido al veto cuasi eterno de las sociedades. No obstante, en Amsterdam el oficio más antiguo del mundo resulta un caso aparte.
Erigida en 1270, aproximadamente, Amsterdam es una ciudad singular y extravagante, de excepciones y sorpresas, paraíso de la libertad. Desde entonces, la vida de los amsterdameses ha estado acompañada por mujeres que han hecho a un lado el recato y de su cuerpo la herramienta principal de su trabajo.
Así, en uno de los barrios más antiguos de Amsterdam, pero con otro nombre, surgió el Red Light District. Y es que este puerto holandés siempre ha sido el paso de viajeros y marineros.
Tal vez por la misma razón, en la Edad Media la prostitución fue permitida en ciertos lugares de la ciudad. Los burdeles en Damstraat, por ejemplo, eran administrados por el gobernador. Para el siglo 16, la prostitución fue prohibida aunque continuó ejerciéndose.
En el siguiente siglo aparecieron por primera vez las “ventanas”, fenómeno del cual surgieron las actuales prostitutas desfilando como mercancía en la puerta o ventana de sus casas. El origen de la luz roja tiene qué ver con el hecho de que este color de lámparas oculta las imperfecciones en la piel o el rostro de las mujeres detrás de las ventanas.
A pesar de que para muchos resulte extraño que haya gente que trabaje y viva en este vecindario cercano a la Estación Central, el Red Light District se ha convertido en una zona comercial importante y en un centro turístico de gran atractivo para propios y extraños, quienes lo visitan seducidos por sus coffeeshops, las “ventanas” o la simple curiosidad de conocer o experimentar algo distinto.
Miradas indiscretas
Antes de llegar al Red Light District, entrando por la calle Warmoesstraat, el visitante se topará con un letrero de bienvenida que dice Chickita’s Sex Paradise; en tanto que, caminando por la calle Zeedijk podrá ver una de las casas más viejas de Amsterdam.
En los Países Bajos trabajar como prostituta es legal desde 1911. Desde esa época la prostitución en las “ventanas” es tolerada en nueve ciudades. En la actualidad, en Amsterdam las 450 “ventanas” existentes son reguladas por las leyes y pertenecen a diferentes dueños, quienes las rentan por ocho o 12 horas a cambio de cuotas que oscilan de los 40 a los 120 euros por turno. Lo cual no resulta elevado para las prostitutas de Amsterdam, ya que sus ingresos fluctúan de 40 a 700 euros por día. Y aunque, en principio cualquiera puede comprar una “ventana-burdel”, estos locales en definitiva no son baratos.
En octubre de 2000 fueron abolidas las viejas leyes que prohibían los burdeles. De modo que, a partir de ese momento, fueron cosas completamente legales tener un burdel y ejercer la prostitución, la cual ahora es reconocida y respetada por las leyes neerlandeses como una profesión. Por ello, la policía no está autorizada para registrarlas sin su permiso, en tanto que demuestren ser mayores de 18 años y pertenecer a la Comunidad Europea.
De la misma manera, las autoridades no pueden obligarlas a someterse a un chequeo médico debido a que en los Países Bajos eso va contra los derechos humanos, pues es responsabilidad de cada quien. Además, la mayoría de las prostitutas tiene cuidado de sí mismas y usan condón. Con el fin de apoyarlas, los servicios de salud gubernamentales pusieron una clínica en el Red Light District, donde las prostitutas y sus clientes pueden acudir, guardando su anonimato, a realizarse un examen médico para saber si han contraído alguna enfermedad venérea.
En ese sentido, el Centro de Información sobre Prostitución (Prostitution Information Center, PIC), localizado en el Red Light District, asegura que es mínimo el número de prostitutas infectadas con el virus del sida. Y afirma que las historias al respecto no sólo son falsas sino también exageradas. Empero, a los visitantes del barrio les sugiere no arriesgarse ni confiarse, por lo que les recomienda usar condón siempre.
En cuanto al uso de drogas, el PIC precisa que como en cualquier país no se puede generalizar. Pero, reconoce, es posible encontrar prostitutas –y gente de todo tipo y clases sociales— que usan drogas “blandas” como el cannabis, cuyo consumo es tolerado en los Países Bajos (no así las consideradas “duras”).
Para seguridad de las prostitutas existe un sistema de alarmas en las “ventanas-burdel”. Si alguna de ellas se encuentra en peligro, tiene un problema o es asaltada, con hacer sonar la alarma inmediatamente recibirá ayuda de la policía. En caso de que un cliente fuera asaltado, debe ir rápidamente con la policía.
Diva de tercera edad
Contrario a lo que se pueda pensar, en el Red Light District no hay nada del otro mundo. Al igual que cualquier mujer, las prostitutas tienen el derecho de rechazar a un hombre si no desean que éste las toque. Para contactar a una de ellas no hay más que llamar a la ventana y ella decidirá si abre o no. También se le puede preguntar lo que sea y ella responderá lo que quiera.
La prostituta en activo de mayor edad tiene 81 años y las hay desde amas de casa y profesionistas, hasta madres solteras y estudiantes. Las razones por las que una mujer llega a prostituirse son múltiples. No cambia mucho de la realidad que se vive en otros países.
“Algunas lo hacen porque necesitan dinero para resolver un problema; otras simplemente quieren ganar más en poco tiempo; un porcentaje mínimo lo hace por gusto; es un cliché decir que todas las prostitutas sufrimos algún trauma en nuestra infancia; lo cierto es que debemos asumir una actitud liberal respecto al sexo una vez que se ha decidido tomar este trabajo”, precisa Petra, ex prostituta de 65 años encargada de atender a los visitantes del Red Light District en el PIC los lunes, jueves y domingos.
Los clientes, comenta, son hombres en 99.9 por ciento y su edad varía al igual que su nacionalidad. “En el verano hay muchos turistas, la mayoría alemanes, casi todos vienen acompañados de un amigo”.
Como en cualquier parte del mundo hay quien tiene padrote y quien no, porque desde que la prostitución es legal en Amsterdam ya no es necesario uno que cuide o administre a la sexoservidora. Sin embargo, sí hay mujeres que son forzadas a trabajar por organizaciones criminales. “Es difícil saber cuáles y qué porcentaje de las prostitutas son abusadas”, dice Petra.
El precio mínimo que se puede conseguir para tener sexo con una prostituta en Amsterdam es de 35 euros, aunque puede elevarse a 40, debido a que algunas de ellas pagan impuestos (en los Países Bajos toda persona que gana dinero debe pagar impuestos).
El precio, en casi todos los casos, incluye sexo oral y vaginal. La duración del servicio gira alrededor de los 15 minutos, sin embargo, cada prostituta determina sus propias tarifas y métodos de trabajo. Regularmente, el condón va incluido en el precio.
En el caso de la prostitución masculina, sólo se ejerce en clubes y en menor escala en las calles. Una buena parte de los clientes mujeres utiliza este sector para servicios de acompañantes.
Dentro del Red Light District existe un área de “ventanas” donde trabajan Drag Queens. En 1995 se intentó aplicar un proyecto para que los hombres también trabajaran detrás de las ventanas, pero fracasó.
Aunque es seguro andar por las calles del Red Light District, nunca está de más tomar precauciones: echar un vistazo por donde se camina, ubicar el lugar dónde se encuentre, no caminar solo, cuidar todo el tiempo de sí mismo y de sus pertenencias, y nunca mostrar el dinero en público.
Sin duda alguna, Amsterdam, el Red Light District y sus mujeres, rubias esculturales o negras carnosas, deparan una aventura pocas veces repetible donde las fantasías, sueños húmedos y deseos pueden ser realidad.

1 comentario en «Las ventanas de Amsterdam»

Los comentarios están cerrados.