Courtney Love: baby doll de kinder

POR Emily Nussbaum
Dirty Blonde: The Diaries of Courtney Love es el tipo de libro que aparece generalmente cuando un personaje famoso ha muerto. Frases motivacionales, la obsesión por el éxito, consejos a los hijos que algún día tendría e incluso una nota de rechazo del Club de Fans de Mickey Mouse integran la bitácora de una mujer fundida en el escándalo
Hubo un momento –digamos 1989, que es cuando la descubrí– que Courtney Love parecía ser la solución a los problemas de todas las chicas. Rockera punk descarada, feminista con caderas grandes y una sonrisa descuidada, Love era la primera celebridad femenina en mucho tiempo que no se avergonzaba por llenar los espacios.
La llamaron la Yoko de Kurt Cobain. Y, es cierto, ella provocó muchas peleas. Pero Love tenía un carisma y estilo sucios –aquellos babydoll rasgados y el maquillaje estropeado– que parecían una sátira de la sexualidad. Su álbum de 1994, Live Through This, fue el primer rock que escuché que realmente se enfocaba en las mujeres, con letras acerca de los senos, la violación y la competencia, pero hecho con un humor y una agresión raras entre las estrellas femeninas.
Love, ahora cuarentona, tuvo una vida colorida, también, como la reineta de medias largas. Una niña adoptiva con un fondo fiduciario, una mocosa ex stripper que creció entre escuelas y centros de detención juveniles, Love viajó por el mundo después de emanciparse de su madre terapeuta a los 16 años, para aparecer posteriormente en la escena grunge. Sus modelos a seguir fueron mujeres como Frances Farmer y Anne Sexton –artistas locas demasiado puras para vivir–, pero Courtney Love se siente más accesible, como un golden retriever amistoso con sus patas en el pecho del público.
Después todas aquellas cosas terribles sucedieron. Una semblanza de Vanity Fair acusó a Love de utilizar heroína durante el embarazo, las cortes la abrumaron. En 1994, Kurt Cobain se suicidó, dejando huérfana de padre a su hija Frances Bean. Como consecuencia, la viuda de Cobain pareció aumentar tres veces su talla icónica. Encaró a una muchedumbre de admiradores de Nirvana, rompiendo frente a ellos la nota del suicidio. Su respuesta emocional lució mítica e imponente, y luego, cuando el tiempo transcurrió, pareció más inestable, más inquietante. ¿Qué tipo de madre era? Había drogas. Había grandiosidad. Estaban las amistades de Hollywood, las peleas por el dinero de Nirvana, la presunta sobredosis –por diversión– de su hija. La cirugía plástica que la fundió con las actrices principiantes que alguna vez ella parodió.
De vez en cuando Love tenía una reaparición. Pero con cada escándalo de tabloide lucía menos como una súper heroína y más como una caricatura. Ahora algunos estudiosos de Courtney han actualizado un libro de texto y, con ello, la oportunidad de revisar el lunático archivo de la estrella: Dirty Blonde: The Diaries of Courtney Love (Rubia sucia: Los diarios de Courtney Love), un libro de recuerdos que antecedió su álbum más reciente: How Dirty Girls Get Clean. Es el tipo de material que aparece generalmente cuando un personaje famoso ha muerto, una especie de volumen para acompañar los diarios perdidos de Kurt Cobain, publicados en 2002. En él podemos apreciar discursos y letras garabateados, listados, carteles –todo, desde una nota de rechazo del Club de Fans de Mickey Mouse hasta el intercambio de correos con Lindsay Lohan. Autoindulgente no es una palabra lo suficientemente fuerte. Y la propia Love parece saber eso. Entre los garabatos se lee: “No, no quiero mis diarios publicados. Quiero publicadas mi poesía y mi lírica”.
Pasión por las teteras
Para los interesados en Courtney Love, tal como Courtney es, Dirty Blonde presenta una historia clásica del negocio de los espectáculos: la rebelde atractiva, miserable, brincando de una escuela a otra, escribiendo una poesía malísima y desarrollando fantasías de dominio del mundo a través del rock ‘n’ roll. A los 13 años escribió una penosa confesión en crayón rojo acerca de la relación con su madre: “Cuando estoy a su lado me siento nerviosa, torpe, tímida y débil, y siempre estoy tratando de demostrarle que puedo hacer amigos y ser popular, aun cuando ella viva al otro lado del mundo”. Después viene el dibujo de un corazón y la nota: “Creo que seré una estrella de rock, que conseguiré el Oscar y que seré una de las mejores amigas de Elton John”.
Love nunca detuvo su intento por ser una estrella de rock magnificente y tener amigos famosos. De adolescente estuvo obsesionada con el glamour femenino del punk y enamorada de estrellas de Hollywood como Pola Negri y Jean Harlow. Fue incansable en su búsqueda de éxito, escribiendo constantemente objetivos motivacionales. Hay un lista de metas de 1991: “Lograr la visibilidad en Los Ángeles”, “125 libras”, “escribir tres cuartas partes de nuevas canciones”; una lista de “cosas que me interesan” (los nazis, las teteras, el amor verdadero); cosa que odiaba (drogas, resultar embarazada, la revista Sassy) y cosas que adoraba (las drogas, Yoko Ono y Gus Van Sant).
Una egotista sí, pero Courtney era una estudiante profunda de sí misma. “Tengo el don, pero no tengo la confianza”, escribe con preocupación en una nota. Si, cuando ella alcance la fama, sus garabatos se hacen más grandiosos, su corazón permanecerá en el lugar correcto, al igual que su promesa de ayudar “al feo, al rechazado, al desconocido, al [enfermo] terminal”, ahora que ella es “uno de los bonitos”. Y abajo, con letra manuscrita, añade: “(El hombre con el que más me gustaría dormir: WB Yeats)”
Una línea sobrecogedora de inseguridad trasmina el libro, como la obsesión de Love por su propio potencial mítico: ¿Es bonita? ¿Original? ¿Es la más delgada, la chica más popular? ¿Hay gente famosa como ella? Reproduce una nota de Marc Jacobs, quien le agradece un pensamiento sin título que le envió y promete mantenerlo en privado. Y después hay un intercambio con Lindsay Lohan, que se compadece por las sanguijuelas a las que ella denomina sickofans –un brillante juego de palabras o una extraña indirecta. Es difícil adivinar.
Cobain sólo aparece a la mitad del libro, en fotografías con su bebé Frances Bean. Pero quizá la página más triste, la más divertida, es la titulada “Cosas que enseñar a mis hijos (tendré cuatro hijos)” Con garabatos y enmendaduras, Courtney expresa su sabiduría: “Sé cáustico (seco)”, “Sé sencillo” y “No pelees. Si lo haces, gana. Si pierdes, yo pelearé por ti” Pero la mayor parte de sus consejos parece dirigida a su propia niña interior: “No dejes que nadie te vea, sé tu propio promotor”. “Sé glamouroso, consigue tus encabezados cada 16 días”. “Sé honesto. Paga incluso hasta las cosas más pequeñas que debas. Nunca debas dinero”. “Gana tu propia fama”. “El alcohol y los cigarros son debilidades. Asquerosos”.
Recientemente vi en el tren a una joven leer Dirty Blonde. Amaba a Courtney, me dijo; estaba incluso en una banda que interpretaba covers de Hole. La herida Courtney Love se produjo hace casi 20 años –la feminista punk loca, boquifloja, la muchacha mala como modelo a imitar– y está todavía abierta. Pero es agradable saber que la candidata original no ha parado de audicionar.
Tomado de: The Scotsman.
Traducción: José Luis Durán King.