¡Bello, vello!

Por Óscar Garduño Nájera

He de confesar que hasta antes de escribir estas líneas vivía inmerso en el medioevo del vello púbico (ignorante como es uno), vilipendiado en las penumbras de quien piensa que al crecer de manera natural, dando paso a la transición entre la adolescencia y la edad adulta, y al no estar expuesto a juicios o modas de los demás como sucede con el cabello, eso, el vello púbico, habría de permanecer intacto, reprimido tras los sótanos telares de la ropa interior, terroríficamente largo, como peluca de muñeca abandonada, o militarmente corto, según los cuidados y la herencia genética, por los siglos de los siglos, sin que nadie sugiriera cortes extravagantes, ya que, seamos honestos, a la hora de abordar la intimidad sexual, cuando nos encontramos con nuestra pareja (heterosexual u homosexual) muy pocos se llegan a fijar en detalles así, y si se fijan es porque al tocar uno descubre que rebasa las condiciones normales de crecimiento. Al menos es lo que a mí me sucedía hasta antes de escribir estas líneas: el vello púbico estaba ahí, bajo mi abdomen, y nada podía hacer para remediarlo.
Incluso llegué a considerar el tema propio de una charla entre muchachonas plastificadas (pero hermosas) segundos antes de entrar a una clínica de depilación láser, tan de moda hoy en día, dispuestas a sostener un furtivo romance con la depiladora eléctrica, en pleno divorcio con el bisturí o el bótox, para finalizar con un glamoroso corte y no presentar inconveniente alguno a la hora del bronceado perfecto sobre la arena de cualquier paradisíaca playa.
Aterricé entonces mis ideas y me enteré que si bien la demanda de depilación sigue siendo femenina, cada vez son más los hombres ―de los cuales me excluyo, por supuesto― que se suman al arte de la estética del vello púbico. Así, sin más, tijeras y depiladora en mano, descubrí dos de las parafilias que giran alrededor de nuestro vello púbico, ya que hay quienes entre sus gustos tienen el del que éste sea abundante, referencias cinematográficas incluidas, y quienes en su vida nunca quisieran volver a toparse con él. La primera recibe el nombre de hirsutofilia: atracción por el vello corporal venga de donde venga, axilas incluidas; la segunda es el acomoclitismo: atracción sexual por genitales en los que se ha depilado parcial o totalmente el vello púbico.
Entre los cortes más comunes está el de la línea del bikini (seguimos en la paradisíaca playa), dejando sólo una tirita vertical en el pubis (estilo brasileño) y en forma de corazón. Hasta aquí vamos bien. Al menos ahora sabemos que si se opta por cualquiera de las dos parafilias antes señaladas podríamos ir por ahí llamándonos hirsutofílicos o acomoclitistas sin que los demás sepan bien a bien a qué demonios nos referimos.
A punto de dar el primer tijeretazo vuelvo a las sociedades islámicas, donde quitárselo es considerado como una práctica religiosa al ser parte de la Filtrah (obligaciones) que constan de la circuncisión, quitarse el vello púbico, recortarse el bigote, cortarse las uñas y depilar el vello de las axilas; o a Japón, donde es visto como algo muy atractivo a pesar de las prohibiciones por la práctica del Hentai, o me voy a ciertas películas pornográficas hardcore, donde se recurre exclusivamente a mujeres exageradamente velludas y a otras donde actores y actrices se depilan para mejores efectos visuales. Y si se revisa la historia del arte se apreciará que numerosas obras han escandalizado en su momento al exponerlo, como es el caso del David de Miguel Ángel, el cual representa al personaje bíblico, desnudo, mostrando un vello púbico artísticamente detallado. Y también está el caso de “La Maja desnuda” de Francisco de Goya y Lucientes: una mujer hermosa que parece flotar frente a nosotros nos mira fijamente, mientras allá, debajo de su ombligo, alcanza a asomar un triangulo de vello púbico aprisionado entre las piernas. Habrán de pasar más de cien años para que otras piernas femeninas se abran, mostrando no ya un triangulo sino un hermoso monte de vello púbico en una mezcla de sensualidad y erotismo en “El origen del mundo” de Gustave Coubert.
Hay distintos motivos para recurrir al corte del vello púbico. Para combinar con ropa interior de encaje es todo un regalo, un detalle que agradecerá nuestra vista cuando aparezca nuestra pareja en medio de la oscuridad, deslumbrándonos, y nuestras manos, cuando el suave contacto con el encaje nos permita apreciar su vello púbico al mismo tiempo que ella, quizás, nos sugiera que también nosotros debemos recurrir a un corte, razón para lo cual aconsejo que sea ella quien lo haga, quizás bajo el suave murmullo del agua tibia de la regadera, con cuidado, delicadamente, mientras los dos celebran un encuentro entre dos sexos hermosamente rasurados. Cuando sea motivo de estorbo a la hora del sexo oral y nuestra lengua se vea en aprietos, relegada de intensos aromas por una barrera de vellos púbicos, los cuales, por más intentos que se hagan, permanecerán de no llegar las tijeras, la depiladora.
He llegado así a la ilustración del vello púbico, o al menos ahora creo estar más enterado de lo que se puede hacer con él. Nuevamente tomo las tijeras entre mis manos, pienso que un poco corto se vería mejor.

1 comentario en «¡Bello, vello!»

  1. Mi querido oscar, como siempre que te leo, me dejas un agradable sabor de boca y de los demas sentidos…
    Tu escrito a la par que ilustrativo, informativo y detallado, me parecio muy divertido, para variar debo decir… que me gusto mucho… pero eso contigo, no es nada nuevo…. un saludo….

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