Víboras: entre mujeres te veas

POR Óscar Garduño Nájera
 El café, los centros comerciales, las burbujas doradas de la sociedad, son lugares que a ras de suelo albergan nidos de mujeres de lengua venenosa: las Víboras. Son parte del entramado comunitario y no hay forma de erradicarlas. Cuidado donde pisas
Entre nosotros están y cobran vida a cada instante. De hecho, parecen multiplicarse en círculos donde las diferencias económicas son más visibles y se agrupan dentro de burbujas doradas a la espera de un príncipe azul que jamás llega (o que pierden por anodinas). Y lo suyo es ejercer la profesión de críticas, aun cuando muchas de ellas tienen malas notas en el colegio. No hay secreto que valga, pues incluso saben lo que no se dice, es decir, cuando apenas es un pensamiento. Son como espías del más allá que cambian de atuendo según las circunstancias, reunión social o café de moda (en uno de marca estadounidense que vende un horroroso café).
De permitirlo, engañan con sonrisas angelicales que se llegan a convertir, en cuanto se despintan, porque para ellas el maquillaje es importante, en el rostro más cruel del diablo, por lo que consejo prudente para las demás mujeres es alejarse o atenerse a las consecuencias que sus palabras pueden desatar. Sepamos un poco más de las Víboras, y si usted se llega a reconocer como una de ellas, haga caso omiso de estas palabras.
Como primer punto está la práctica que ejercen. Ellas la llegan a considerar “inocente” y pasan frente a otras mujeres como amigas o solidarias. Entonces se detienen. Quizás sacan un espejito de su bolsa y con la paciencia adecuada esperan a que llegue su presa. Repentinamente, avientan la destructora observación y rematan con el adjetivo incisivo. Las mujeres lo saben: “¡Pero qué mal se ve! ¿Cómo es posible que salga así a la calle”.
Para quien dude de los conocimientos que tienen las Víboras, diré que lo suyo es una sabiduría que las orilla a acumular cualquier dato por irrelevante que sea. Una vez que erigen su imperio, cuando se encuentran frente a sus víctimas, son enciclopedias parlantes, ya que pueden opinar lo mismo de las elecciones presidenciales en Sudáfrica, que del jabón en polvo de la lavandería, o del queso parmesano para la pasta, siempre y cuando tengan por objetivo final herir, molestar a la mujer que tienen al frente, irritarla hasta que se sienta menos (algo así como una pulga) por no pertenecer a ese club exclusivo, donde por lo regular se repiten estupideces, como el que integran ella y sus amigas, aunque me queda claro que para las Víboras la amistad, en cuanto a concepto, se vuelve a definir únicamente para obtener beneficios y perjudicar a quien se desee.
No hay límite de edad y lo mismo son un peligro para las mujeres que para los hombres. Es mejor reconocerlas de inmediato y tomar una decisión: mantener la defensiva (la cual es difícil, pero no imposible) o huir lo más pronto posible, alejarse antes de que suelten el adjetivo-flecha destructor.
En cuanto a sus prácticas sexuales, la mayoría de las Víboras son amantes de verbo y palabra, pero mojigatas en la realidad, y pegan el grito en el cielo si alguien les hace una propuesta sexual; aunque también se dan casos donde sucede lo contrario, y de pasar por una blanca palomita inofensiva, terminan haciendo llorar al hombre que tienen en la cama.
Cuando las Víboras se reúnen son un auténtico peligro para la discreción y para las buenas costumbres de mujeres que permanecen fuera de su círculo. Uno puede andar por ahí, entrar en cualquier café y descubrirlas con tan sólo poner un poco de atención en las miradas que se lanzan entre ellas y en los susurros, ese intenso cuchicheo que salta de mesa a mesa como conejos ebrios. Entonces sacan una cámara mágica y exprimen radiografías de todas las mujeres que atraviesan las puertas en esos momentos. Luego buscan un lugar cercano a la víctima y empiezan a hacer sus comentarios hasta conseguir que se retire. También hacen grupos en fiestas o cócteles (presentaciones de libros, funciones de gala, etcétera) y juzgan la marca y el precio del vestido, el color y la forma de las medias, el tamaño del tacón de sus zapatillas, y si camina bien o no, el largo del cabello y el peinado, así como las tendencias impuestas por los centros comerciales que regularmente frecuentan (nidos de Víboras); por si fuera poco, consiguen dominar la envidia que les puede genera cualquier mujer ajena al grupo, pues antes que acercarse e incluirla prefieren estar muertas, o sin maquillaje que es lo mismo.
Al intentar dar con ellas nosotros, los hombres, tenemos complicaciones. Supongo que una de las razones está en que permanecemos apartados de ese otro universo que es el femenino y sólo nos llega a interesar cuando se trata de obtener beneficios. También es cierto que para las Víboras no hay más reglas que las establecidas de manera tácita, e incluso si una llegase a quebrantarlas, ya se podría considerar traidora a la patria, o al mundo viboril.
Yo he tenido la oportunidad de conocer a mujeres cuya máxima aspiración es alcanzar el grado de Víbora lideresa para hacerse de la fama que una abyecta vida les roba; otras mujeres, en cambio, se esmeran día con día en no pertenecer a ningún grupo de Víboras y con el paso del tiempo alcanzan a brillar con la luz que sólo puede proporcionar la originalidad (aunque tengan de enemigas a más de una).
Alguien podría decir que entre las Víboras todo es superficial y, sin embargo, se vería imposibilitado para comprender los códigos culturales que ahí se generan. Aún más importante: entre las Víboras se da un diálogo que crea sus propios patrones de comportamiento en lo que a belleza y moda se refiere, y son capaces de pasar por alto las grandes pasarelas con tal se sentirse cómodas con lo que traen puesto; y esto es algo que a las otras mujeres, las que se resisten a ser Víboras, les cuesta trabajo entender, pues si bien en un grupo afilan los verbos para herir con filosos comentarios, en el otro se envuelven de complejos de inferioridad frente a las Víboras.
Anden ustedes con mucho cuidado y sepan que no hay remedio alguno para las Víboras, ¿o sí?

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