Él, demasiado viejo; ella, demasiado joven

POR Leah McLaren
 Las mujeres jóvenes ven lo mismo en los hombres mayores que lo que éstos ven en las mujeres jóvenes: posibilidad. Los viejos gobiernan el mundo, las mujeres jóvenes quieren entenderlo, y juntos pueden descubrir los misterios del universo

Hace tiempo, cuando yo era un pasante de verano, en las épocas oscuras, antes de que Twitter o Facebook fueran inventados, recuerdo que escuché por casualidad a unas señoras académicas discutir la historia del año: el escándalo Clinton-Lewinsky. “La verdadera pregunta es: ¿Qué diablos podría ver una chica joven y brillante como ésa a un pedo gordo y viejo como él?”, preguntó una de ellas a la otra, quien se rió mostrando su acuerdo.
Aquellas mujeres estaban en sus cuarenta y pico, posiblemente en sus cincuenta. Como fuera, me parecían muy viejas en ese momento. Y no sólo lo viejas, ¡sino ciegas! Yo quería estallar, sacar mi ira al estilo muppet, y gritarles por encima de la pared de mi cubículo. ¡¿Están bromeando? El hombre es el líder del mundo libre, ¿que no está de moda eso?
Una serie de películas recientes que exploran la relación entre hombres mayores de voluntad débil y sus núbiles contrapartes femeninas me pusieron a pensar una vez más en Bill Clinton y Monica Lewinsky, y en todos los otros romances entre mayo y diciembre condenados desde entonces.
Posibilidades
No sólo fue la noticia del retiro de Larry King o el compromiso de Hugh Heffner con otro conejito rubio. Tres películas recientes –True Grit de los hermanos Coen, Biutiful de Alejandro González Iñárritu, y Somewhere de Sofia Coppola— se centran en el vínculo inesperado que se forma entre un hombre de edad desafortunado pero carismático y una joven inocente. En dos de estos ejemplos (Somewhere y Biutiful), el hombre y la mujer son padre e hija, pero en cada caso la relación es no sexual, muy lejos de la de Clinton-Lewinsky y sus travesuras en la Oficina Oval.
Pero en cada una de estas películas, los espectadores (particularmente las mujeres de cierta edad) podrían ser perdonados por pensar, “¿Qué diablos tiene que hacer ella con un viejo pedo como él?”
La respuesta es tan desconcertante por ser dolorosamente obvia. Las mujeres jóvenes ven lo mismo en los hombres mayores que lo que éstos ven en las mujeres jóvenes: posibilidad. Los viejos gobiernan el mundo, las mujeres jóvenes quieren entenderlo, y juntos pueden descubrir los misterios del universo y lograr un amor hermosamente cinematográfico, siempre y cuando no lo arruinen por el hecho de dormir juntos. (O al menos eso nos dice Hollywood.)
En Somewhere, Johnny Marco (Stephen Dorff), un actor rutilante de cine, famoso por su adicción a las drogas y a las juergas, encuentra que su mundo cambia cuando su hija preadolescente (Elle Fanning) viene a quedarse con él después de haber sido más o menos abandonada por su madre. Lo que sigue es una narración casi silente en la que el hombre adulto ve que todos sus vicios y sus mecanismos de defensa son eludidos por una niña que, a diferencia de todas las groupies aduladoras y controladoras de su vida, parece no tener expectativas de él, aparte de la forma más sencilla del amor.
A mitad de la película, ella decide cocinar huevos benedictinos para su papá y para un miembro gruñón de su entorno en su traje medio destrozado en el Chateau Marmont. La escena, que inyecta una especie de fervor sano en el paisaje híper sexual e inconmovible de su vida, es como ver una escena de Norman Rockwell materializándose en el centro de la foto de Helmut Newton: la incongruencia de inocencia chocando con la experiencia.
En True Grit, las lecciones morales son decididamente más claras. Una heroína valiente adolescente con un código moral estricto muestra a un cazador de recompensas borracho (Jeff Bridges) mejores modales, aunque en última instancia ella también es rescatada en el proceso.
Y luego está Biutiful, en la que el vínculo entre padre e hija culmina en la escena final de la película, un retrato desgarrador de la intimidad familiar y (lo ha adivinado) la mortalidad humana.
Núbiles salvadoras
Y hablando de mortalidad, ¿no es éste realmente el meollo del asunto, esa atracción cinematográfica entre los hombres maduros y las dulces jóvenes? Si el rocío de Natalie Portman cautiva nuestro corazón en The Professional y en Beautiful Girls o en cualquier cosa jamás hecha por Woody Allen, el furtivo truco de la muerte es sin duda la fuerza que arroja a los ansiosos viejos en los brazos de sus salvadoras núbiles.
La mortalidad es ciertamente lo que motiva el carácter compulsivamente infiel de Michael Douglas en Solitary Man. Cuando le pregunta su ex esposa (Susan Sarandon) sobre cuánta es su obsesión por perseguir faldas, sin ofrecer disculpas explica: “Mucha”. Pero la narrativa comienza a diferir. Después de un fin de semana sucio con la adolescente equivocada, acaba prácticamente sin nada, con su vida en línea, por razones distintas a su inminente falla cardiaca.
El mensaje cinematográfico a los hombres mayores es claro: cultivar la compañía de las mujeres jóvenes, dejar que te salven, pero, bajo ninguna circunstancia, tener relaciones sexuales con ellas. Por supuesto en la vida real, no tengo que recordárselos, las cosas son un poco diferentes. Los hombres mayores duermen con mujeres mucho más jóvenes que ellos todo el tiempo, porque quieren y porque pueden. Y porque las mujeres jóvenes están contentas de tenerlos, sobre todo si son encantadores, poderosos o ricos.
Una docena de años después del affaire Clinton/Lewinsky, ahora soy lo suficientemente mayor para entender por qué este tipo de asuntos desconcierta e irrita a mis compañeras de trabajo de alto nivel. Pero también soy lo suficientemente joven como para recordar con precisión por qué sucede.
La diferencia es una simple cuestión de percepción. Cuando una mujer mayor ve a Bill Clinton ve a un marido gordo, mujeriego, incapaz de controlar sus peores impulsos. Pero cuando una joven lo mira ve lo que Mónica vio: al Presidente.
Tomado de: The Globe and Mail. Diciembre 31, 2010.
Traducción: José Luis Durán King.

1 thought on “Él, demasiado viejo; ella, demasiado joven

  1. Es una gran paradoja que une al menos dos hechos: la liberación femenina y la prolongación de la infancia masculina…
    Como el autor dice "…Los viejos gobiernan el mundo, las mujeres jóvenes quieren entenderlo…", hoy y cada vez mas existen mujeres jóvenes (y no tan jóvenes) que tienen una inteligencia desarrollada y ávida de experimentar y comprender… y los hombres jóvenes, tienen un terror pánico a madurar y comprometerse…. El resultado lógico, es que muchas mujeres jóvenes (y cada vez mas en el futuro) busquen experiencias motivadoras con hombres diferentes, con hombres maduros, en lo que pudiera ser un incesto generacional, mujeres saliendo con hombres que pudieran ser sus padres o sus abuelos… Al tiempo…. Y un ultimo factor contundente, el Viagra, cuyo efecto sicológico es mucho mas impactante que el físico….
    Interesante articulo….
    Eduardo Martínez Rosas.

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