Resistencia a vivir

POR Mariana Molina
¿Hacia dónde miro entonces? Dentro de mí todo es oscuro, sé el oficio de mirar tentando, vicio por hábito, costumbre rutinaria, letargo para evadir

Es la enésima vez que me saboteo, la enésima relación amorosa que arruino, la enésima vez que me demuestro con arrogancia que no sé vivir, no importa lo que me griten mis enésimas versiones, sólo escucho la de la culpa. ¿Pero de qué? Culpa por existir, por ser yo, por respirar, por no poder ser feliz? Racionalmente es la pregunta a la que puedo contestar, incluso redactando la exégesis de mi historial; ya saben, por aquello de “quien no conoce su historia está condenado a repetirla”.

Vaya que sé mi historia, he pasado media vida buscando el origen de mi autocondena, aún me sorprendo al repasar cada uno de los métodos científicos y esotéricos en los que he buscado la sanación, o mejor dicho, la cura para curarme de mí. Me brincan las manos como si sufrieran de autonomía, mis piernas se adelgazan apresuradas hasta sentirlas hilos sin sostén, un sabor pesado recorre mi garganta, revolviendo dolores en mi estómago que se dobla tirándome al piso, todo el aire ha salido ante el golpe de sentir; me falta el aire, olvidé cómo respirar, me asfixia la vida!

Describir de forma sencilla la línea de una vida tormentosa me deja muda; me he sentido un cadáver junto a mi camino, no es el pasado un argumento que sostenga mi fantasma, sería demasiado primitivo culpar a mis padres, a mis carencias o a los traumas de la adolescencia; no, ya no me convence la racionalidad enredada para atrás, tratados destinados a enfurecerme.
No es vértigo mirar los abismos que cuelgan de mi espalda, es vacío resanado con suspiros; a pesar de recordarlo sin alivio, me gusta creer que tuvo lo suyo. ¿Hacia dónde miro entonces? Dentro de mí todo es oscuro, sé el oficio de mirar tentando, vicio por hábito, costumbre rutinaria, letargo para evadir.

Si no fuera yo, me encantaría conocerme. Me veo mejor de lejos, mi mejor ángulo está siempre por delante, allí entiendo fríamente emociones angustiantes, que no me dejan dormir.
Ya he dejado de corretearme, perseguirme tampoco ha resultado; confesar que no soy feliz es caparazón, beneficios en trucos retóricos, no me asusta decir quién soy, me aterra serlo, porque ser, en sí mismo, es otra forma de mi castigo. Hice un ritual de mis sufrimientos, un lamento desesperado con tristeza de vivir, aprendiendo a protegerla, vestirla, adornarla, representarla, comerla, odiarla, acariciarla, pero al final me seguía doliendo que doliera existir.
Dicen que la vida es como uno la quiera vivir, entonces me acusarían de ser masoquista, de sufrir depresión o simplemente de ser estúpida; yo misma lo llegué a pensar, así fue como gasté mi energía, dinero y tiempo en un sinfín de terapias, explicarle al mundo que no estaba enferma de nada, que nunca sufrí de abuso, que no consumía drogas, que médica y clínicamente era normal; empezó a desgastarme más cada día; así fue como el circulo vicioso comenzó a girar.
Tuve que aprender a ir contra gradiente, conocerme, descubrirme, aceptarme, enojarme, perdonarme, lastimarme, culparme, odiarme, amarme, ofenderme, acariciarme, reprocharme, entenderme, fueron procesos necesarios, abrazarlos para revelarlos con dignidad, así nadie podría usarlos para lastimar; pero olvidé aprender cómo defenderme de mi, ese pequeño detalle que arruina el crimen perfecto, lo que me hacía fuerte me volvía a la vez vulnerable, nadie puede vivir sin uno mismo, me convertí en laberinto.
Escapar de mí ya no es opción; sé cuando me engaño, regresar a la petición de principio es defenderme de mi argumentación, mostrando mi resistencia a defenderme, supongo que la gente compleja se resiste a ella misma, y si no, me lo regalo de consuelo, como me consuelan las letras de Fernando Pessoa o Joaquín Sabina, como me regalo el consuelo de escribirme sin resistencia.

DESPEJANDO EL ÁREA DE LA HIPOTENUSA
El lado opuesto al angulo recto de los amantes es triangulo amoroso, que  aveces también es rectángulo, seno de la hipocresía, tangente delirante, coseno en amargura. El te quiero es ecuación que se burla del amor en incógnitas tardes que reprochan lluvia, se equivoca la ausencia por las áreas de la carne, las noches tienen miedo de quedarse sin adioses a dos velas, amante por nombre llevan  corazones congelados que ardientes se cruzan como un virus que nos ciega, donde puedo escribirte? si  llevas manchada la piel con sellos de entregas, un rincón busque para engañar sin entrepierna, encontré  difuminadas arrugas placenteras, curvas caídas en heroicas decepciones, vientre doliente por abortar desamores, entonces mire mi retrato, mis nalgas eran mas frías que tus alrededores, fuera de ti tampoco encontraba de nosotros nada, lo bello fue enmarcado con tus manos, lo inquieto destrozo la prisa, por querer queriendo escribirte en mi vida, lo ingrato fue levantarme como si te llevara conmigo…

Resistencia a vivir comentarios en «3»

  1. Los sentimientos están a flor de piel…. Reflejan el largo pero amoroso proceso de aceptación de ti misma, la intensa y perpetua búsqueda de la razón de ser, de ser tu misma…
    Lo que llamas autocondena es tu redención, es la catarsis que libera tu espíritu, condenate a vivir y vivir no es fácil…
    Los sentimientos están a flor de piel…. Entre la perdida y el abandono vaga tu espíritu, deseoso de encontrar el amor que te libere de tu solitario vacío…. Ese vacío que llenas con tu poesía….
    Me emociona…. Los sentimientos están a flor de piel….
    Eduardo Madtinez Rosas.

  2. Que profunda emoción me produce leer tu artículo, como si estuviera oyendo hablar a mi mente, tus palabras las leí con el alma y no con los ojos, me sentí flotar en el éter al leerte, que hermoso Mariana.
    Sandra Hernandez.

  3. No encuentro palabras para expresar lo que senti al leer tu articulo, creo que solo aquellos que hemos estado en nuestro propio infierno, podriamos entender algo de tu escritura,, eres magnifica,, felicidades por tu forma de escribir..

    Uriel Martinez

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