La red del amor

POR Mariana Molina
 La red está plagada de gente solitaria que se esconde detrás de un artefacto que le ofrece el paraíso de cualquier enamorado, un número infinito de personas de cualquier edad, clase social, aspecto físico, económico y cultural, donde zambullirse para la búsqueda
Es conocido por todos que el misterio del amor nos ha revelado más de un síntoma social que afecta al ser humano. Científicamente, el amor es una reacción química en el cerebro, afecta casi matemáticamente a ciertas áreas, generando sustancias como la dopamina y la epinefrina, dándonos impulsos eléctricos que nos provocan emociones y sentimientos.

La atracción entre dos personas depende de su constitución genética, haciéndonos biológicamente aptos el uno para el otro. Mientras creemos que estamos atrapados por una especie de “hechizo”, en realidad reaccionamos a la cadena biológica de otro ser humano. Los aromas responden a nuestro ph, así como los rasgos físicos nos parecen atractivos porque son simétricamente análogos a los nuestros. Existe una proporción corporal en cada uno de los géneros que instintivamente se muestran como modelos perfectos para la reproducción; así, los hombres y mujeres se sienten sexualmente inclinados por sus hormonas.

Pero las explicaciones científicas no han sido suficientes para reconstruir la problemática de los enamorados. Mientras en el cerebro sucede el plan perfecto, fuera de él nosotros traemos el propio. Social y culturalmente recibimos información desde muy jóvenes de lo que debería ser la “pareja ideal o perfecta”. Las mujeres buscan en el hombre una figura masculina muy varonil que socialmente cumpla con los requisitos de un “buen partido”, estabilidad económica, es decir, un buen trabajo que no sólo retribuya económicamente sino que también esté considerado en la escala del estatus social respectivo, soltero sin hijos y con una educación promedio. Los hombres en cambio buscan mujeres jóvenes, solteras, sin hijos, que pertenezcan al medio social cercano o igual al suyo, con características físicas muy definidas en sus estándares de belleza, y con apariencia “amable” o “tierna”, representación de su “moralidad”. Primitivamente buscamos un modelo implantado a través del medio cultural y epistemológico, el cual consideramos como el ideal a seguir. En estos mismos niveles poco complejos encontramos variaciones elaboradas de esta figura, como la importancia de la religión, la familia, la apariencia (uso de tatuajes, tipo de ropa, adornos exagerados o sencillos, simpleza o vulgaridad) que son cuasi fijaciones ideológicas o psicológicas inamovibles para la búsqueda de la pareja.
Tenemos los panoramas expuestos, científica, psicológica, social y culturalmente; entonces, ¿por qué cada vez es más difícil encontrar pareja y qué es el amor? El amor es una enfermedad, por los síntomas físicos que nos causan las reacciones químicas, pero también es un misterio, porque la historia vivencial de cada persona no es correspondiente a la genética de quien nos enamoramos.
Al estilo de los abuelos
Existen agencias matrimoniales que se basan en una serie de cuestionarios de “personalidad” para encontrar a las parejas potencialmente “compatibles o afines” para el amor; estos métodos no han tenido el resultado esperado; sin embargo, aún tienen demanda por la creencia en sus bases metodológicas. De igual forma puedes asistir a un examen médico completo para averiguar con quién compartes características idóneas que reaccionen químicamente; estas pruebas inicialmente se usaban para la búsqueda de la inseminación artificial y posteriormente abrieron su campo a la búsqueda de parejas; actualmente es manejada sólo en algunas naciones europeas debido a su alto costo.
Antes la cosa no parecía ser tan complicada. Conocías a un chico o chica, convivían un poco en el noviazgo, aparecía la magia del amor, y lo demás era lo de menos. Las historias de amor a nuestro alrededor eran las de nuestros padres o abuelos, donde mantenían la estabilidad de un matrimonio en un parámetro de 50 años; se casaban con sus vecinas, compañeras de escuela, de trabajo o amistades de algún familiar.
Pero hoy no sólo avanza la búsqueda científica o filosófica del amor, sino también los progresos tecnológicos que la acompañan, haciéndola todavía más complicada. Uno de los fenómenos más revolucionarios del hombre cosmopolita es el amor virtual. Con el acceso a la Internet hemos ampliado el universo de nuestra búsqueda y maquillado su realidad. Todos tenemos experiencias reales en el amor, ya sea conscientes o no, algunas se tornan dolorosas, otras  plenas, pero todos llevamos una relación fáctica con eso que llamamos estar enamorados. Son infinitas las razones que podemos tener para no acceder a un contacto directo con otra persona, lo importante aquí es que ya no arriesgamos nuestra vulnerabilidad, hemos creado una virtual para que sea ella la que se arriesgue en el amor.
Las nuevas agencias matrimoniales

Las redes sociales han superado a las agencias matrimoniales, incluso a las historias de bares donde se “ligaba” un encuentro meramente sexual, o algún club donde se conocían a los amantes de ocasión. La red está plagada de gente solitaria que se esconde detrás de un artefacto que le ofrece el paraíso de cualquier enamorado, un número infinito de personas de cualquier edad, clase social, aspecto físico, económico y cultural, donde zambullirse para la búsqueda; es sumamente atractivo porque podemos exponernos ante los demás sin el compromiso tácito del rechazo. Hablar de quién eres, lo que te gusta, lo que temes, lo que sabes o lo que posees es una carta de presentación hacia ninguna persona y al mismo tiempo todas; tomas la confianza de ser quien eres o creas un personaje que buscas ser, hay un estado de desinhibición en el cerebro como el que crea el uso del alcohol o algún antidepresivo que gradualmente genera adicción física; hemos creado una nueva enfermedad: la adicción a la red. Esta reacción es muy parecida a la del amor, genera dopamina y endorfinas, creando la sensación de seguridad y placer cuando generamos una “relación-virtual” con alguien a quien no conocemos físicamente; sentimos y reaccionamos exactamente como si la conociéramos en persona; reproducimos el ritual del cortejo, coqueteamos, seducimos, provocamos y sentimos que estamos conectados con ese otro; la magia del amor aparece, soñamos, suspiramos, sonreímos, nos enojamos o nos deprimimos por alguien que  no conocemos; desdoblamos la realidad a un nivel físico que nos dice que sentimos cosas reales, nuestras emociones afectivas o de insatisfacción existen.
Todas las experiencias nos empujan a creer que estamos enamorados o que deseamos a una persona aun sin conocerla; podemos acceder a información en niveles de intimidad emocional que quizá no se dan tan rápido en persona. La falta de compromiso y responsabilidad por el otro curiosamente hacen más fácil el abrirnos; las respuestas del cerebro que generan adicción a la red, en particular a las redes sociales, son comparadas con las que experimentamos en unas vacaciones: sentimos libertad, emoción, adrenalina y renovación; todos los días, sin importar nuestra realidad, podemos tomar unas vacaciones de una hora cinco minutos al conectarnos a la red, ése es el atractivo para nuestro cerebro y percepción.

Lamentablemente la historia que nos están contando nuestras reacciones físicas funciona sólo para la virtualidad. Muchos de  nosotros buscamos legítimamente el amor, la amistad o una relación más allá de la virtualidad. Está comprobado que mentimos menos, nos abrimos más, somos más honestos, sinceros y espontáneos, generamos más confianza que en las relaciones no virtuales, pero el misterio del amor nos desprende de ese maravilloso paraíso. Las personas que llegan a verse en persona tienen encuentros muy por debajo de las emociones virtuales, las reacciones químicas en la realidad son diferentes, lo que sentimos físicamente cambia la información que habías recreado de esa persona en tu cerebro. El contacto con una correlación de intimidad previa lejos de hacer más sencilla la cercanía la obstaculiza, pues todo aquello que sentimos anteriormente está condicionado por un reflejo de nuestra propia imagen y necesidad de ese otro, los encuentros son casi decepcionantes. Los encuentros más afortunados son aquellos que tienen fines sexuales. Existen personas que se han enamorado a través de la red, consiguiendo una identificación verdadera, pero son la minoría; las amistades, e incluso las relaciones laborales, tienden a fracasar y ser efímeras por esos enigmáticos lazos con nuestro cerebro y acondicionamiento social que nos dice de quién nos enamoramos, más no el por qué lo elegimos. Seguimos la búsqueda pero también las formas de quitar-poniendo redes para el amor.

La palabra AGUA no moja
William Shakespeare

4 thoughts on “La red del amor

  1. El tema de las relaciones virtuales amorosas, es un tema difícil, pero del cual muchos opinan…. La realidad es que mucha gente solitaria o no, se vierte en el internet para buscar amigos, una vida intelectual o artística, amores….
    Mariana aborda el tema con un gran profesionalismo y objetividad y nos va conduciendo por los quiebres de su pensamiento, racional e inobjetable, que tal vez a alguno le desilucione, pero que a nadie engaña…
    No cierra las puertas a que por la vía del internet, puedan surgir solidas uniones afectivas, cuando la pareja se conoce en la vida real, pero nos advierte que mientras la relación amorosa siga siendo virtual, en realidad no lo es, seria una ilusión efímera….
    Magnifico articulo…
    Eduardo Martínez Rosas.

  2. En las redes del amor caeremos, pero no en las redes virtuales…. Coincido en el enfoque, los enamoramientos virtuales son eso, virtuales, el amor la atracción entre dos seres reales, tan solo se da en el mundo real, la virtualidad es efímera, pero partiendo del mundo virtual, podemos llegar a conocer a quien parecería compatible, y entonces surgir el romance….
    Saludos.
    Viky Alatorre.

  3. Mariana tocas fondo en un tema que tiene una gran actualidad, la cantidad de amorios virtuales, es enorme… y vale la pena discutir este tema, lo enfocas con maestría, y claro que falta más investigación, pero también conceptos e ideas claras, y tu las tienes… ojalá continúes en esta linea, pienso que tienes mucho por decirnos a los lobos solitarios…
    Sandra Luz Hernández.

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