Chayote sin espinas: te va doler, pero vas a pedir más

POR Andrea Mireille
Tras meditarlo durante algún tiempo, por fin estaba totalmente dispuesta. Me dijo que me acostara y me quitara la ropa interior; con sinceridad, me explicó que dolería, pero que valdría la pena. Hice lo que me pidió, dio un vistazo a mi pubis y lo tocó, segundos después sentí un fuerte tirón: la depilación había comenzado
La eliminación parcial o total del vello púbico va más allá de ser –como muchos creen— un capricho de la pornografía y de la moda; la depilación en el área genital es una práctica común desde tiempos remotos: en India, la técnica del hilo, consistente en enredar el vello hasta arrancarlo, es ancestral. Culturas como la egipcia, griega y romana fueron entusiastas de esta tendencia; los griegos creían que un cuerpo depilado representaba juventud, belleza e inocencia, además, era considerado signo de un estatus social elevado. Para deshacerse del vello, empleaban piedra pómez, velas y cera elaborada con sangre de animales o resina.

Los egipcios lo consideraban un ritual de limpieza y de carácter sagrado, afrodisíaco; en la sociedad romana, el vello púbico se eliminaba desde la adolescencia, en lugares privados o baños públicos destinados a ese propósito.
Fue a partir del siglo XVIII que la eliminación temporal del vello se hizo más fácil con el desarrollo de la primera máquina de afeitar. En el siglo XIX la depilación eléctrica, las cremas depilatorias y la cera de abeja se volvieron los métodos más empleados, y es en el XX cuando la depilación láser se corona como la más segura e indolora; sin embargo, aún no es lo suficientemente económica y los resultados son notorios hasta un año después.
Aunque se desconocen los motivos exactos de por qué la humanidad comenzó a depilarse, se considera que las principales razones son higiene, estética, ritual de purificación así como una forma de aumentar el deseo y el goce sexual.
Te va a doler…
Con el impacto del primer jalón en mi cuerpo y mi mente supe por qué tardé tanto en decidirme por la depilación genital. La idea llevaba un tiempo  rondándome la cabeza, pero me acobardaba en el último momento. Cualquiera que se anime a reducir o quitar el vello genital debe saber que se enfrenta a un proceso sumamente doloroso; la eliminación por medio de la cera es de los más rápidos y efectivos, su único inconveniente es que duele, duele y luego duele más. En este caso, el dolor viene tal como en la vida misma: no puede evitarse, puede volverse tolerable con el tiempo, pero no se puede escapar de él. No importa que antes se tomen tranquilizantes, analgésicos o se unten pomadas de efecto anestésico.
La zona debe estar limpia, la depilación puede tomar de una hasta dos horas y media, todo depende de la cantidad de vello del cliente. El proceso comienza con el recorte del pelo. Si sólo se quiere disminuir o dar forma se pueden seleccionar los modelos: copa martinera (vello corto y la forma triangular bien definida), brasileña (una línea de pelo), el triángulo de las bermudas ( se deja el vello de la parte baja del pubis y con menor espesor que el martini), para culminar con el llamado estilo porno o Hollywood, el cual se refiere a la eliminación total, que en mujeres incluye pubis, labios y en ocasiones, región anal, mientras que la versión masculina circunscribe pubis, testículos y zona anal.
La depilación se realiza al gusto del cliente; es importante recordar que durante el proceso los genitales quedarán expuestos y tal vez se le solicite al cliente realizar diferentes movimientos: alzar las piernas, abrirlas en su totalidad o ayudar a estirar la piel.
El procedimiento no debe tomarse a la ligera y de ninguna manera recomiendo realizarlo en casa: uno podría derramar la cera, quemarse o acobardarse al momento de dar el tirón, lo que se traduciría en lesiones y un dolor más fuerte e innecesario. El precio va de los 200 a los 700 pesos, dependiendo el estilo seleccionado y el lugar.
Otro elemento que debe considerarse es la elección del especialista, pues de él depende un resultado óptimo y satisfactorio. El depilador no debe tener uñas largas, debe dar máximo dos tirones por zona, y si el vello no se elimina o arranca totalmente, lo extraerá con pinzas; la cera debe ser exclusiva para esa parte del cuerpo, tiene que estar tibia y su temperatura no debe incomodar al cliente. Se deben utilizar aplicadores distintos para cada porción de cera, y lo más importante, un profesional no hará muecas, comentarios desagradables o inoportunos, tampoco hará pausas largas; los mejores depiladores son rápidos.
Pero te va gustar
Al no encontrar conejillo de indias y con gran curiosidad por verme libre de vello decidí ser mi propio sujeto de estudio: llevaba un tiempo recortando mi vello y en un par de ocasiones utilicé rastrillo, sin quedar satisfecha. Mi peluquera no sólo realiza cortes, también da masajes terapéuticos y hace depilaciones; fue ella la que me motivó a dar el paso. Desde luego, el primer tirón es el más difícil: sabes que va a doler pero no te imaginas cómo ni cuánto; en mi caso, el jalón me hizo incorporarme y gritar, pero ya no podía detenerme.
La zona que más duele es justo donde comienza a dibujarse la “sonrisa vertical”, es dolorosísimo; conforme la depilación avanza al cuerpo no le queda más remedio que entregarse al dolor y amainar; es curioso, pero en los labios ni siquiera duele tanto.
La depilación me ha dado interesantes lecciones, y no sólo me refiero a que me enseñó lo largos que pueden parecer cinco minutos: aprendí sobre mi tolerancia al dolor, pude conocer mejor mis genitales y sobre todo las razones por las cuales la gente aún rechaza o permanece indecisa sobre esta práctica. Para ello hice una pequeña prueba; posteé en Facebook un mensaje invitando a mis contactos a contestar una serie de preguntas sobre el tema, las respuestas podían entregarse vía mensaje privado. Nadie lo tomó en serio; algunos hicieron chistes, se sacaron de onda y me cuestionaron si ya se me habían acabado las buenas ideas; un muy reducido número de personas fue el que me contestó y sólo un buen amigo me contó sus experiencias sobre el tema sin incomodarse.
Para motivar a los que respondieron, les dije que yo practicaba la depilación y ahí sí llegaron el morbo y todo tipo de preguntas, entre las que destacan dos: sí lo había hecho por  un hombre y quien me lo había pedido. Al escuchar eso la que se quedó atónita fui yo, pues siempre he creído que lo que sea que uno realice debe hacerse por iniciativa propia, para después –si así se desea— compartirlo con los demás, en este caso con la pareja, amante, luciendo un atuendo minúsculo en la playa, etcétera.  Es bueno desear complacer a la pareja, pero es mejor complacerse antes a uno mismo, por el puro gusto de hacerlo.
En cuanto a las razones de por qué hombres y mujeres prefieren mantener penes y vaginas melenudos y desgreñados (muy respetable), las principales que algunos esgrimieron fue la vergüenza a permanecer con los tesoros de fuera, ser tocado por un extraño y después el dolor.
Llegó para quedarse
Pese a que es bastante intenso y puede provocar gritos y sudoración, el dolor de la depilación es breve; las molestias desaparecen rápidamente, el depilador aplicará talco o aceite en la zona y recomendará un producto para cerrar los poros; en algunos casos, también ofrecerá ampolletas que retardan el crecimiento del vello.
Después de una hora 30 minutos, mucho dolor, un poco de conversación y estallidos de risa loca burlona, la depilación concluyó. El resultado fue una piel fresca, suave; en el caso de las mujeres los genitales pueden apreciarse mejor, en los hombres hacen que el pene se vea más grande; los roces de la ropa interior se vuelven un agradable cosquilleo, además la estimulación y fricción durante la masturbación y el sexo oral se vuelven más intensas.
Todas estas sensaciones estarán presentes durante 15 días, después el vello comenzará a crecer y causará un ligero picor, similar al que en ocasiones se experimenta en la zona; si, como 79 por ciento de las norteamericanas, se opta por el rastrillo, el resultado durará apenas tres días; la comezón y los vellos enterrados serán insoportables.
En cuestiones de depilación un factor importante parece ser el generacional: la gente de 40  y 50 años con la que hablé al respecto mostró preferencia por el vello, mencionaron que lo encontraban atractivo, “natural”. Mientras que la gente de 20 a 30 años dijo que preferían los genitales con poco o nada de pelo.
En todos los rangos de edad hubo algunos que expresaron que no les gustaban las vaginas “pelonas” y muchas mujeres dijeron que sería bueno que sus parejas recortaran o se depilaran el vello, lo que nos lleva a otro punto: los hombres se mostraron fascinados ante la depilación genital femenina, pero no ante la idea de practicarla ellos; estos planteamientos se repitieron en los diversos foros que visité, donde, por cierto, saqué lo del chayote.
Al final la respuesta es simple y radica en cada persona, tiene desventajas pero también atributos y es una experiencia que vale la pena probar. Así se tendrá la oportunidad de lucir lencería minúscula, se podrá “trabajar” en una zona limpia y sentir más placer.
Desde que comenzara a causar furor en Estados Unidos en 1980, la depilación genital llegó para quedarse e irse imponiendo poco a poco en la sociedad; cada vez más salones de belleza y spas ofrecen este servicio. Yo recomiendo la depilación ampliamente y sugiero seguir las medidas de seguridad e higiene mencionadas, así como mantenerse alejado del temor y los prejuicios: sí, duele pero les va a gustar y van a pedir más. Para como están los tiempos, todo parece indicar que en futuro cada vez más cercano, el chayote será sin espinas o no será.