Volterra, tierra de vampiros

POR Fiona Ehlers
 Hace mucho tiempo esta población toscana atraía a turistas interesados por su pasado etrusco y sus monumentos medievales. Pero desde hace unos meses recibe a millares de adolescentes seguidores de la saga Crepúsculo
Desde lo alto de su torre, el alcalde contempla la ciudad, con las colinas perdidas entre la bruma, la muralla etrusca y más abajo, el pintoresco laberinto de callejuelas. Marco Buselli a veces añora los tiempos medievales, cuando Volterra parecía inaccesible, atrincherada tras las colinas. En aquella época era raro ver a extranjeros. Suele venir a menudo aquí, en lo alto del Palazzo dei Priori. Necesita esta calma y esta vista para reflexionar, para encontrar el modo de que Volterra se consolide en el mundo moderno sin renunciar a su carácter.

Buselli teme a la sobrexplotación comercial, un problema que han sufrido un gran número de poblaciones italianas. No quiere el desorden de Venecia ni la remodelación de San Gimignano. Quiere que Volterra mantenga su autenticidad, que siga siendo una ciudad de verdad y no un decorado de cine. Buselli tiene motivos para preocuparse. Desde hace más de un año los amantes de las historias de vampiros llegan de todo el mundo y toman la ciudad de Volterra. La culpa es de Stephenie Meyer, autora de la saga Crepúsculo, con 100 millones de ejemplares vendidos. Precisamente un capítulo de la saga se desarrolla en Volterra.
“Edward forever” escrito en los muros de la ciudad
Abajo, en la plaza, encontramos a la guía Dika Boelen rodeada por un grupo de adolescentes. Esta neerlandesa vive aquí desde hace 25 años. Antes organizaba recorridos turísticos por la ciudad para profesores alemanes de izquierda, amantes del vino ecológico, que leían a Pasolini y se alojaban en casas rurales. Ahora sus nuevos clientes le preguntan sobre la tez de alabastro de los vampiros. La franja de edad de los turistas está alrededor de los 15 años y vienen de Europa o de Estados Unidos. La mayoría son chicas acompañadas por sus padres, que llegan en autocar desde Florencia o Siena, escriben “Edward forever” en los muros de la ciudad y sonríen con éxtasis. El vampiro Edward conquista el corazón de las jóvenes desde Indonesia a Rusia, pasando por Noruega y Tailandia. El éxito de la película ha creado un fenómeno en todo el planeta.
De acuerdo con Boelen, Stephenie Meyer no conocía Volterra. En Luna nueva [el segundo volumen de la serie], la autora describe la ciudad natal de los Volturi, una familia de maléficos vampiros. Pero fue después, navegando por Internet, descubrió la existencia de Volterra y eligió esta población por el parecido de su nombre con el de los Volturi. También podría haber elegido Viterbo o Vicenza, explica Boelen. En el libro, Edward, al creer que su amada Bella ha muerto, decide exponerse al sol de mediodía para hacer que los Volturi le maten. Por supuesto, Bella logra salvarle, de lo contrario no habría una tercera entrega, y los dos escapan de los Volturi para regresar a su umbrío rincón del noroeste de Estados Unidos. Los fans de la saga buscan incesantemente este lugar, que también existe en la realidad.
“Gracias a Crepúsculo, no hemos notado la crisis”
Buselli explica que Volterra echó a perder los primeros contactos con este nuevo mundo. Algunas personas se quejaban, se negaban a ver su ciudad transformada en Disneyworld y se oponían a la multiplicación de pizzerías y de campings. “Luchamos contra ello durante meses”, recuerda el alcalde. Montepulciano actuó con más astucia y logró cautivar al equipo de rodaje. Al final, la película se rodó allí. Buselli y el comité creado apresuradamente para tal fin idearon una estrategia para aprovechar el tirón de Crepúsculo sin desfigurar su bella población. Los guías turísticos buscan una puerta que podría haber traspasado el personaje de Bella en la película y una calle donde podría haber salvado a Edward. Ahora se propone un recorrido especial de Crepúsculo, con un final sangriento en un calabozo. “Los clientes quieren vampiros, pero nosotros les ofrecemos Volterra. Les mostramos las tumbas etruscas, los palacios renacentistas y así puede que recuerden algo propio de la ciudad”, explica Boelen. Los recorridos ya se han vendido desde hace meses y en la ciudad se han reservado 50 mil noches de hotel extra en 2009. “Gracias a Crepúsculo no hemos notado los efectos de la crisis”, confiesa Buselli.
Al caer la noche, Dika Boelen lleva a su grupo hacia el calabozo, que es en realidad el pub irlandés Quo Vadis. Dos carceleros encapuchados sirven copas de vino rojo, como si fueran copas de sangre, unas estudiantes australianas chillan y una madre alemana hace un gesto de desagrado, mientras que sus hijas irradian felicidad. Dos chicas de 17 años de Trieste explican que han leído el libro una decena de veces. Para ellas es más importante que la Biblia. El mensaje de Meyer a todas las chicas del mundo es que no se queden con el primer chico que llegue a sus vidas, sino que esperen al verdadero amor. “Si hubiéramos leído el libro antes, nos habríamos evitado más de un problema con los chicos”, declaran las jóvenes con seriedad.
Para Dika Boelen, los seguidores de Crepúsculo son terriblemente inocentes y la serie de libros demasiado melodramática. En su opinión es la burda visión de Romeo y Julieta de una mormona que condena el sexo antes del matrimonio. “Cada generación lucha contra los ideales de sus padres”, resume. Al final de la visita, Boelen lleva a las jóvenes hasta una plaza a las puertas de la ciudad. Quiere que sientan la atmósfera de la ciudad, que se dejen llevar por ella. “Los vampiros no tienen alma, pero Volterra sí”.
Tomado de: Der Spiegel. Abril 27, 2010.